Jue, 05/17/2018 - 07:46
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Cuando la intelectualidad se aleja de la vida

Desde casi el nacimiento de la filosofía se ha dividido todo entre praxis y teoría. De cierta forma dejándonos esa herencia de siglos plasmadas en los defectos políticos y sociales actuales. La intelectualidad, a lo largo de toda su historia ha estado centrada en papel y letras. En teorizar, quedando poco a poco relegada a un segundo plano por la ciencia. La ciencia era práctica y otorgaba cosas a las personas. Las hacía avanzar en cierta forma como especie.

Pero los teóricos, poco a poco hicieron que las palabras acabaran siendo adornos culturales o pequeñas utopías imaginarias.

Pero, paremos un momento a pensar. Exacto, a lo largo de la historia pensar era inmensamente caro. Dedicar el tiempo a algo que no fuera sobrevivir solamente estaba cercano a las personas con posibilidades de poder y económicas. Dichas personas, no vivían en la realidad de la mayoría, vivían en su pequeña burbuja donde otras personas prácticamente funcionaron durante mucho tiempo como electrodomésticos o proveedores de bienes.

¿Cómo puede una minoría que vive en su propio estatus, idear y escribir teorías sin tener en cuenta al resto de la población?

No puede, aunque es lo que se ha hecho a lo largo del tiempo. Los teóricos, solían mirar por encima del hombro porque ellos tenían cierto poder cultural. Poder, que no compartían y que quedaba relegado a unos pocos. Siendo estos en cierta forma los tutores del resto de la sociedad que eran una absolutos incultos. Sin duda, es una de las raíces de la democracia, donde votamos para que los indicados velen por nosotros.

Pero, ¿qué pasa cuando el que tiene que velar por ti no conoce realmente tus problemas? Que se aleja, y el votante se desdibuja como un extraño, una especie de ente o concepto. Entonces, cuando ya no tienes vínculos emocionales con la vida la tentación de la corrupción acaba siendo coherente.

La intelectualidad siempre ha tenido el craso error de alejarse de los demás que no viven en la burbuja, creando separación y dejando la cultura, no como un bien común sino como algo en poder de unos pocos.

Este factor sin duda, ha colaborado a que pese a la facilidad de información actual, las personas sean cada vez más incultas. Porque saber de ciertos temas es como creerse de cierto elitismo que se sale de lo que vamos a llamar vida común.

Dicho elitismo, crea brecha y vuelve a reiniciar la partida entre teoría y práctica. Entre lo que vulgarmente se llama cultura de la calle y cultura de libros. Es justo entonces, cuando la sociedad a lo largo de la historia ha culpado a la cultura en todas sus revueltas. Podemos verlo en revoluciones comunistas y de otros colores políticos. Cuando una revolución es del pueblo, la cultura sufre.

Sufre, por culpa de todos aquellos que intentaron separar a los aptos de los no aptos en vez de tratar de explicar y llevarlo a todo el mundo.

Justo ahora que la brecha podría ser cada vez más pequeña, nos perdemos en la incultura tratando de freaks o nerds a todas aquellas personas que simplemente deciden tener una visión teórica y practica del mundo.

Cuando la intelectualidad decidió alejarse de la vida, simplemente nos dejó un virus difícil de matar.

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