Sáb, 03/06/2021 - 11:15

Gabriel García Márquez lo escribió todo

La primera leyenda es la de su nacimiento, que hizo coincidir para bien o para mal con la masacre de las bananeras de la United Fruit Company (aunque haya nacido un año antes), un dolor que sin ser suyo lo acompañó toda su vida y atravesó toda su obra. O quizás era suyo, como lo fue el Bogotazo y la larga e interminable guerra y la también larga e interminable indiferencia. Sin dolor no había obra. Sin dolor no habría García Márquez.

De él se ha escrito todo y es como si no se hubiera escrito nada. Otros se endilgaron el derecho a decir lo que era Macondo: una ficción apenas o una patria entera novelada. Lo cierto es que Macondo, que es Caribe y es Colombia y es América Latina, existe en toda su obra, incluso fuera de la literatura. Porque Gabriel García Márquez, nacido, como se sabe, como se ha dicho hasta la saciedad, el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, Magdalena, comprendió mejor que muchos que su obra era su lucha y que las letras, sus letras, eran testimonio: de la historia que nos arrancaron, de la que no nos contaron, de la que trataron de ocultar con artimañas y vericuetos del Poder y los poderosos.

Y aquí, la patria sobre la que escribió, lo negaron y le dieron la espalda y si hubieran podido hacer, lo habrían matado y enterrado y olvidado de no haber sido porque comenzó a recorrer el camino de la leyenda desde que publicó su primer cuento, en 1947. Y cuando la grandeza tocó su puerta, en el exilio como estaba, cuando la leyenda se materializó, la misma patria –porque la patria son ellos: el Poder y sus caprichos y sus crímenes- que le dio la espalda lo ensalzó y le hizo homenajes y lo alabó. Nuestro Nobel, nuestro Gabo, decían con la boca llena de mentiras.

Pero él era más grande que todos ellos. Y era tan grande o quizás más grande que su propia obra. Porque con Gabriel García Márquez, hijo de un telegrafista, pasó lo que pocas veces sucede con las grandes obras, y es que su nombre está por encima de ella. El Quijote es más grande que Miguel de Cervantes y Sherlock Holmes es más grande que Arthur Conan Doyle, pero ningún personaje y ningún libro es más grande que García Márquez. Ni Úrsula Iguarán, ni el coronel Aureliano Buendía, ni Santiago Nasar, ni Florentino Ariza, ni Fermina Daza.   

Y obra era su lucha. Su obra era Chile, cuando escribió cómo los gringos habían planeado el golpe del Palacio de la Moneda para matar a Allende y poner a Pinochet en el poder, y lo era también cuando contó cómo mataron a Miguel Henríquez, y su obra era Cuba, cuando escribió cómo la isla había sufrido los estragos del bloqueo. Y su obra era Colombia, incluso con sus personajes despreciables que lo exiliaron y después quisieron condenarlo al infierno.  Ahí están ellos, todavía mandando, todavía matando, todavía arrasando. No vale la pena mencionarlos, sus nombres no merecen estar en la misma página con el suyo.

Gabriel García Márquez lo escribió todo y así se hizo leyenda y mito y novela y cuento y crónica. Fue y sigue siendo maestro, guía, referente y sobre todo, sigue siendo lucha.  

 

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.