Dom, 02/27/2022 - 08:41
Foto: Unsplash

Trending topic: amor y deseo

Una escena familiar: chicas y chicos que adoran a un influencer, a un actor o, en menor medida, un artista o un actor, cuyo valor sube a la par que aumenta su número de seguidores.

Por: B. N. Rozo

¿No funciona de manera similar nuestro amor moderno? Al igual que con las mercancías, el valor de lo que amamos sube de acuerdo con su demanda, lo que produce un curioso efecto contradictorio: saber que el otro es deseado por más gente me produce el orgullo de quien tiene algo muy preciado (por ejemplo, pasar de tener una baratija a tener una verdadera joya), pero a la vez me produce sufrimiento, en tanto eso implica que el otro ha tenido una historia de la que (eternas dudas del afecto) seguramente yo no soy su más grande logro.

Ahora bien, quizás por ello las personas con algún tipo de compromiso resultan tan atractivas: su valor ya está confirmado por la posesión de otro. Sin embargo, allí su valor deja de radicar en sí mismo para pasar a su pareja: mientras más valiosa considere yo a su pareja, más parecerá valioso a mis ojos. De la misma manera, en las relaciones abiertas, el valor del otro aumenta o disminuye en relación con quién flirtee y las condiciones en que ese deseo se resuelva o no; en las relaciones monogámicas, ante la negativa a que el otro realice su deseo con personas diferentes, ese valor se mediría en tanto pueda ser objeto de deseo y la calidad de las personas que la deseen: en nuestro mundo del like, el valor del otro (es decir, el deseo que despierta) radica en sus favs y seguidores.

De esta forma, vemos como la realización de dicho deseo también se afecta: así como la realización del amor medieval era el sexo y la del amor romántico era el suicidio (o la muerte en términos más amplios), para nosotros aquella se produce en la evidencia visual, es decir, en la story, la publicación, el reel y el tbt, que a su vez sirven como soporte de un relato en el que ratificamos nuestra valía en tanto hayamos logrado un momento de amor o de deseo con alguien que tantos otros amen o deseen; entonces, el deseo sobrepasa completamente al otro, incluso su propio cuerpo: lo que quiero dominar  y aprehender de él va más allá de su propia esencia.

Al final, somos tan trofeos como los trofeos que conseguimos en el mundo de la oferta y la demanda del afecto.

 

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