Dom, 08/11/2019 - 20:51
Foto: Marca

¡Ganaron la carrera que tenían por delante!

Y CORRIERON CON PACIENCIA LA CARRERA QUE TENIAN POR DELANTE. Cumplieron así el mandato del cual alguna vez habló Pablo, el de Tarso, el apóstol, al referirse a cómo debe ser el comportamiento de los hombres cuando se quiere triunfar frente a la vida.

Batallones de hombres y mujeres retornan a sus lares listos a predicar la paz de las naciones. La hermandad de los pueblos. La bondad del deporte. Se cierran las puertas de los escenarios  que albergaron a miles de jóvenes americanos durante las justas de los XVIII Juegos Panamericanos del Perú 2019, en la ciudad de Lima.

Esos ejércitos, grandes o pequeños, que llegaron a Lima a medir sus fuerzas en las diversas disciplinas, desfilan ante el mundo con medallas de oro, de plata, de bronce, con menciones de honor, con propósitos cumplidos, con enseñanzas sobre cómo debe ser el convivir de estos pueblos, con aspiraciones aplazadas porque les faltó un punto, un centímetro, un segundo, una canasta, un gol para culminar con éxito el propósito que los transportó a la gran ciudad de Los Incas.

Cada país  al que se dirigen quienes están en  este desfile del retorno, abre los brazos y les rinde homenaje a sus gladiadores porque una verdad  ha sido demostrada: hicieron presencia, se esforzaron, lucharon y confirmaron que  su Patria existe y tiene hombres y mujeres ambiciosas que en otra oportunidad conquistarán la meta.

Quienes estuvimos físicamente a kilómetros de distancia de los guerreros pero por la magia de la comunicación respiramos al unísono con nuestros héroes, padecimos, sufrimos los finales reñidos, dejamos escapar el temblor de nuestros nervios poniendo en peligro el puntaje en las pruebas del tiro al arco, en la encestada de un balón, en el cobro de un penalti, en el batazo de un partido de béisbol, esa  última brazada en la piscina para cumplir la distancia, en ese puñetazo que requerían nuestros púgiles para tirar a la lona al amigo enemigo del momento fueron la realidad de los juegos. Y fueron una realidad inolvidable para nosotros.

En lo concerniente a Colombia es cierto que se cierran las puertas de los panamericanos pero están abiertas las de las próximas olimpiadas para enfrentar al mundo. Hay más seguridad. Más organización. Más jóvenes. Más técnicos. Más voluntad de hombres que sin mezclarle política malsana y tramposa a la gestión, nos llevarán airosos en la obtención de más medallas que nos hagan figurar en las posición de privilegio de la clasificación general.

¡Dios Salve al Rey!, se decía antiguamente. Nosotros en Colombia diremos ¡Dios salve al deporte!

Con un bienvenido, un aplauso, una esperanza, un abrazo para cada uno de nuestros viajeros a Lima, cerramos los recuerdos de una inolvidable justa en donde primó el orgullo de  ratificar en estos días del bicentenario patrio, lo que significa ser colombiano y pertenecer a una casta de mujeres que no sucumbe ante el beneficio personal y anhela exterminar lo hecho por nuestros ancestros.

***HASTA LUEGO. Les decimos ¡Hasta luego!, a 6.600 deportistas de 42 países que compitieron en 39 deportes. Les decimos también que los admiramos porque no es difícil suponer lo que está sintiendo un pueblo o nación que solo ha podido enviar a una o dos figuras de su terruño a demostrar que ellos también pelean y luchan y que vencen. Es grandioso verlos correr por la pista, arropados con sus banderas, orgullosos de demostrarles al mundo que no son extraterrestres sino humanos hermanos de estas naciones.

***VOLVER A LAS ANDADAS. Todo fue bajo la rigurosidad de los protocolos que hay señalados para cada movimiento en las justas deportivas. ¡Pero ya se acabó! Volvemos a las andadas. Dejar para último momento el apostar en nuestro Juego Responsable. Olvidar, por no querer anotar, qué delantero estará pateando por hacer los goles.  Volvemos a las victorias de nuestras Ligas, de los equipos que nos hacen llorar, maldecir, sentir que estamos vivos. Y que nos dan gratas remuneraciones por haber invertido unos pocos pesos en bonos salvadores.

***GIOVANNY URSHELA. Sigue con su jonrón de cada día sin que le falte la atrapada espectacular como tercera base. Los Yankees, felices. Los cartageneros, ni se diga. Los aficionados al béisbol mucho más. Precisamente por estos días presentaron la película donde se destacó la vida de Jacky Robinson, quien por allá en 1946, 1947 , cuando el racismo  era todavía el pan de los blancos en Norteamérica, éste muchacho de color se impone con su juego y su manera de ser y culmina su vida en el Salón de la Fama con el transcurrir de los años.

***NOTICIAS Y APUESTAS. Seguimos en la lucha informativa. Hay noticias a granel. La iniciación de temporadas las ofrece. Gente que cambia de toldos. Unos que se van y otros que los fueron. Estaremos pendientes y permítanme decirle: ¡Buena suerte! Viene Vuelta a España.

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