Lun, 06/25/2018 - 08:55
Foto: co.marca.com

James, Cuadrado y Quintero: el triunvirato de los exquisitos

La historia del arte recuerda al triunvirato renacentista de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael; tres hombres, tres pinceles y tres maneras de maravillar al mundo desde lo exquisito. Ante Polonia, la presentación del triunvirato James-Quintero-Cuadrado pareció un homenaje artístico y un tributo a las pinceladas de los grandes maestros del renacimiento.

Antes que nada, a poner las cosas en su sitio.

En el atípico partido contra Japón, la desesperación por el gol llevó a José Néstor Pékerman a buscar salvar el punto con el doble ‘9’ de Falcao y Bacca; dos goleadores pragmáticos y altamente eficientes. Sin embargo, ese día se evidenció que el problema no era de definición, sino de generación, de ideas; en otras palabras, de fantasía. Afortunadamente, la tricolor sí cuenta con jugadores que la tienen; y está vez, se puso en el campo de manera simultánea a los tres grandes generadores, al trio de jugones, al triunvirato de Pinturicchios.

Ayer, el triunvirato reemplazó el pincel por el pie, el oleo por el balón y el lienzo por el césped de juego. Por convicción individual y seguramente dirección técnica, Cuadrado regresó a su mejor versión con la selección nacional; un jugador, extremadamente técnico, habilidoso y gambetero, que ejerció tales habilidades al servicio de un colectivo. Esto es, siempre dentro de un circuito de juego, cerca del área rival y decidiendo aquello que era más beneficioso para el equipo.

Por otra parte, lo de Juan Fer Quintero es sublime; al menos hasta ahora. Meses atrás, en esta columna se realizó un extenso artículo sobre su genio y trayectoria, y sobre como su incorporación a River Plate podía traer lo mejor de su talento innato sí se enfocaba en la pelota. Y así fue, Quintero firmó una enorme temporada con el equipo de Marcelo Gallardo lo que a su vez le permitió meterse en la lista de los 23.

Aparte de James Rodríguez, Juan Fernando Quintero es el otro gran visionario de Colombia. Seguramente, muchos recuerdan en él sus remates largos, su capacidad de dribleo en espacio corto y el desparpajó en la cancha. Sin embargo, lo que verdaderamente lo convierte en un crack, es su exquisita capacidad de ver y ejecutar con precisión pases entre líneas que la gran mayoría no tiene las herramientas necesarias para acometer.

Por último, está James Rodríguez. Mamita querida, qué jugador. En el arte se habla del artista local y del universal. El talento del primero llega a un público local, el del segundo, a ese y todos los demás. Una vez más, las pinceladas de James llegaron al mundo. Su centro a Yerry Mina para el primer gol fue tan efectivo y preciso que desnudó enteramente a la defensa rival. Pero claro, su obra maestra fue la asistencia a Cuadrado en el tercer gol. Que visión de juego, un pase al vacío en versión horizontal, una asistencia tan impredecible y difícil de lograr, que seguramente será la asistencia más apreciada del mundial.

En el partido contra Polonia, el triunvirato pisó el acelerador, dominó el juego con paredes, ideas y gambetas, una verdadera maravilla para el que ama el buen fútbol. Pero la hora del beneplácito se acabó, el jueves se viene otra final, un duelo ante Senegal donde la victoria es lo único que permite depender de sí; así pues, más allá de las eventuales variantes tácticas, se espera que Pékerman ponga en la cancha al triunvirato de exquisitos, pues Colombia tiene hambre de gloria y para la inmortalidad se requiere mucha creatividad, exquisitez y generación.  

 

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