Vie, 06/14/2019 - 08:54
Foto: colombia.as.com

Penaltis: 5-4 ¡Nueve Estrellas! El Junior sí fue el papá

UN GOL PARA TÍ… UN GOL PARA MÍ… Equilibrados y con un suspenso digno de película de terror llegamos al 5-4, favorable para el Junior. Cinco más cuatro, nueve. Ahí estaba la novena estrella.. ¡No juña!, que puntería la de los muchachos tiburones. Hasta ahí, no era menos la de los volcánicos pastos. El partido había sido de tiro y tiro y acoso de los de Alexis que empataron sobre los 81 minutos. Otro nueve. Y, además, para reforzar, nueve minutos antes de acabarse el partido. El (9) rondaba a los campeones por todas partes.

***SE EMPUJARON Y  LOS 22 OLVIDARON LA REGLA DE ORO: “Así que las cosas que no quieres que los hombres hagan con vosotros así tampoco haced vosotros con ellos…” Ello les permitió suministrarse pataditas que los hacían revolcarse en la cancha más que Neymar. Siempre consideran que la cámara no capta  que su mayor necesidad es dejar parapléjico al contendor, como si no tuviesen la misma profesión. ¡Bueno! ¡Allá ellos!

***HUMAREDA DEL GALERAS. El delantero del Pasto toma el balón en la mano, lo acuna contra su pecho. Lleva el dedo índice de su derecha hacia la boca pidiéndole al arquero del Junior que ni diga malas palabras ni que despierte a la dormida estrella. El árbitro es testigo. El delantero es ceremonioso. El arquero le hace unos pasos de ballet que  servirán para desconcentrar al cobrador del tiro. Pitazo. Patada dada y el balón, cual ceniza eruptada por el Galeras, se eleva, se eleva y se lleva las ilusiones de la segunda estrella para Pasto y le permite la novena al Junior. Comesaña completó la frase: ¡PAPÁ!

***VOLVEMOS A JUGAR. Lo que pasó tenía que pasar. Locura en Barranquilla y donde quiera que viva un juniorista. Pesadumbre en Pasto. El fútbol sigue. La experiencia queda. Mientras la nómina y Alexis se entiendan, estaremos escuchando: ¡Viva el Pasto, carajo! Y todo un pueblo apostándole. Esa segunda estrella tiene que bajarl

***FROOME IMPEDIDO PARA LA VUELTA A FRANCIA. Los  seguidores de Froome en las apuestas deportivas que se realizan en el Tour de Francia quedaron huérfanos. Ahora tienen 10 cartas con firmes aspiraciones.

***SENTIDO ADIOS A MIKE FORERO. El santandereano llegó a los 99.6 años. Integral. Controvertido. Desde las páginas de  El Espectador adelantó campañas de enseñanza  de civismo, deportes, política. Debo hacer referencia  a la hípica pues él, con Julio Silva Ruiz, fundaron la Revista La Meta de la cual fuí su jefe de redacción, y desde allí se enseñó la hípica que surgió en Hipotecho desde 1954. Mike fue de los apasionados por los caballos y muchos sus acertados vaticinios sobre ganadores en los pronósticos que se daban para cada reunión de carreras. La Meta, fue la revista de mayor influencia y circulación semanal en Colombia. En número de lectores solo se le comparaba con Cromos, que siempre tuvo la mayor circulación. LA Vida por la Hípica, y los amigos y compañeros de hace muchos años, le decimos buen viaje viejo amigo.

***CABALLO EN JAPON MUERDE A SU RIVAL. Faltaban cincuenta metros para el disco de sentencia. Cuatro jinetes tendidos en el cuello de sus pura sangre los estimulan con el látigo y los brazos para sacarles el mejor provecho. Horse, viene por el centro y al presentir que el rival lo va a pasar de largo, voltea su cuello y abriendo su hocico le tira el mordisco. Gracias a la pericia de los jinetes no se presentó una rodada que hubiese sido fatal. Horse, por orden de comisarios fue a para al último lugar. Así defienden los caballos la inversión de quienes los siguen en este entretenimiento. En Colombia, en Hipotecho, tuvimos un caso igual. El caballo mordelón se llamaba Nilo y su jinete, si la memoria no me falla, era Juan Herrera, el hombre que cuando creía tener asegurada la carrera solía quitarse la gorra y de esa manera sus hinchas quedaban avisados que podían irse a las ventanillas de pago.  

“...HAGAN SUS APUESTAS SEÑORES...Rafael Bermúdez Pinilla, periodista amigo en uso de buen retiro, mensualmente suele deleitarnos con sus  recuerdos y aconteceres  de la política y sucesos familiares. Sin pedirle permiso, les transcribo este: “Tendríamos unos ocho, nueve años, con mi hermanito el “mono”, Carlos Ernesto. Un domingo nos fuimos al bazar que decidieron hacer  en el parque de nuestro barrio, el Primero de Mayo, para recolectar fondos, si recuerdo bien, para el asunto de la construcción del  templo parroquial que, todavía hoy, más de sesenta y pico de años después, no existe.

“El caso es que, luego de recibir la bendición de mamá, junto con la consabida serie de recomendaciones, advertencias y unos cinco o diez centavos, en moneditas de a uno o dos de los mismos, marchamos a presenciar el evento. Allí había puestos de dulces, colaciones, uno que otro tamal, empanadas, etc. Un par de organillos con periquitos que sacaban papelitos que le “adivinan” su buena fortuna, ventas de cancioneros y folletines del mago Opalski. Pero lo que nos sedujo desde el primer momento fue un toldo bajo el cual funcionaba una ruleta con un tablero sobre la mesa con los respectivos números, para colocar las apuestas y, sobre el mismo, un par de franjas verticales, una a cada lado, para hacer apuestas al rojo o al negro.

“El hombre de la carpa hacía girar la ruleta, lanzaba la bolita mientras gritaba, cosas como: "… se va y se va..., se fue y se vino, la calavera de Gabino, hagan sus apuestas señores..., no va más.., no va más..., 11 rojo..., 11 rojo...

“Luego de observar el asunto, sin cambiar palabra, cruzamos nuestras miradas con cierta complaciente picardía, el Mono se ubicó a un lado del tablero y yo en el otro y, cada uno, puso un centavo, como apuesta, en su respectivo lado, es decir, uno al rojo, y el otro al negro.

El hombre de la ruleta pagaba tres por uno al color ganador.

“Nosotros, como equipo, al final, siempre ganábamos, a menos de que la bolita cayera en doble cero. Luego de un cierto número de apuestas, el hombre se percató de su error y cambio el plan de premios. “De ahora en adelante, el color paga el doble y el doble cero paga el triple”.

“Ingenio, malicia indígena, vivesa, travesura, picardía, triquiñuela, avivatada, o como dirían muchos en aquella época, atunantada, que me imagino que querría decir algo así como acción propia de un tunante… como se llamase, nos pareció una inteligente travesura que, de todas formas, nos había generado unos buenos réditos! Reditos que obviamente aprovechamos hartándonos de golosinas.

“Charlando con el mono fuimos cayendo en cuenta, reconociendo, o aceptando, que eso no había sido una simple pilatuna… habíamos comenzado a sentirnos mal, culpables, casi como delincuentes de cierta monta…, pensábamos que en realidad lo que habíamos hecho era robar al señor que manejaba la ruleta, no.., que.., eso sí..., que va..., el tipo era el culpable, por no haber organizado bien el juego”...  

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