Lun, 12/07/2020 - 09:52

Acoso de género, injusticia silente

Chistes obscenos, expresar fantasías sexuales, hacer regalos fuera de contexto, poner la mano en el hombro… Son prácticas que podrían ser consideradas como acoso sexual. El acoso laboral contra las mujeres está fuertemente vinculado a la violencia de género, a diario escuchamos la queja de mujeres que sin mayor conocimiento de sus derechos no encuentran apoyo al mal ambiente venido de jefes y compañeros ejerciendo presión para llevarla a renunciar y así librarse de las protecciones de despido.

En Europa en un estudio realizado a 5.000 mujeres en 5 países a mediados de 2019 el  60% de ellas afirma haber sido víctima acoso sexista en el trabajo, Pero solo el 13% denunciaron los hechos ante un superior y ninguna presento una denuncia ante una corporación de protección o estamentos judiciales pues aducen que son instituciones dirigidas por hombres.

En Colombia la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) denunció a una docena de magistrados que se han visto en el ojo del huracán mediático y algunos han sido requeridos por propiciar segregación por intereses sexuales o marginamiento por condición social, económica o marital de las mujeres en diferentes cargos de las altas cortes. Esto solo es una muestra pues en Bogotá al finalizar el año 2019 ya se tenían registradas 972 denuncias de mujeres que no tuvieron miedo o pena por las circunstancias.

En el país hay organizaciones que aún en lo que va del siglo en sus estatutos se puede leer que los cargos de toma de decisiones serán ocupados por “varones”, cerrando de tajo la opción de convocar o reclutar al sexo femenino; se dice que el lenguaje inclusivo en muchas ocasiones es disonante o cansón pero en otras es fundamental para que el  mensaje pueda llegar a toda la sociedad sin excepciones, pues en muchos anuncios de oportunidades de empleo se puede leer “se necesita obrero”,  “se busca mensajero” , conductor o ejecutivo; estos mensajes nos dejan con la incógnita ¿una mujer no puede postularse a realizar tareas propias de dicha labor?. Desde el mismo enfoque de la búsqueda de quien ocupe una vacante psicológicamente se define el sexo de las tareas, labores o trabajos pese a que la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en el convenio 111 propicia igualdad de condiciones y oportunidades en cuanto a temas laborales sin distinciones de sexo.

Pero este solo es el comienzo, pues está demostrado y por los medios de comunicación se evidencia a diario que el hombre (hombre tomado como género, sin llegar a generalizar sobre los individuos) aún tiene complejo de posición dominante sobre la mujer y si es su jefe o superior jerárquico aprovecha esta subordinación para ir más allá de una relación respetuosa de trabajo poniendo como pretexto funciones o responsabilidades que buscan acercamientos impropios  y si percibe una respuesta negativa a sus ambiciones empodera su posición dirigente e inicia una táctica de sobrecarga de trabajo, presión y denigración de las labores que en la mayoría de los casos la mujer en inferioridad de condiciones , intimidada y manipulada no puede detectar y termina renunciando y dejando atrás la oportunidad de llevar sustento a su hogar.   

Los casos que hacen públicos los medios de comunicación dejan en entredicho la asistencia de la justicia pues al igual que el acoso sexual, es la victima quien debe probar la persecución laboral o la desigualdad de género en términos laborales y en medio de la denuncia y la comprobación de su palabra con preguntas como ¿Está segura?”, “¿No exagera?”, “¿No estará malinterpretando?”, se pierden los fallos y de paso el empleo y el derecho a una indemnización por despido indirecto.

La discriminación de genero desde el marco laboral está fundamentada por la Ley 1010 de 2006, en su Artículo 2, por el Convenio 155 de la OIT y para fortuna contamos con la comisión legal para la equidad de género, una comisión interparlamentaria que entre sus objetivos prima eliminar cualquier situación de desigualdad y discriminación que se presente en el ejercicio de la ciudadanía en el contexto de ser mujer.

De las mismas mujeres debe nacer la iniciativa y la motivación para denunciar la discriminación laboral por género o el acoso de jefes y compañeros con tintes sexuales, aunque se conozca que la estructura de poder está a favor del agresor.  En los casos de despido por acusar a un hostigador o ser rechazada en un trabajo por la condición femenina se debe llamar a la línea 155 de la policía nacional, hacer uso de la aplicación Ellas para Android o acudir a la casa de la mujer o la comisión para la equidad de género que en apoyo con la alta Consejería para la Mujer de la Presidencia, reciba ayuda tanto emocional como jurídica, evitando ser revictimizada con insinuaciones que ponen en duda la credibilidad y propender la defensión de los derechos.

“Hay tantas mujeres valientes que hasta sacan adelante una familia”.

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.