Dom, 12/20/2020 - 18:35
Escena de Navidad (Imagen de Wolfgang Eckert en Pixabay)

Celebrar la Navidad

El niño Jesús visto como par nos llama a celebrar la Navidad con fervor, paciencia y fe. La vuelta a la vivencia de los valores cualifica la vida y hace más grande el espíritu y la existencia en comunidad. Reuniones por medios digitales, amor, solidaridad y cuidado son las claves en la pandemia.

Celebrar la Navidad es retornar. Volver a valores primigenios y vigentes. Regalar incienso, mirra y oro al niño Dios o al niño Jesús. Regalos reservados a los reyes. De los reyes magos para otro rey. Así fue tratado Jesús.

Pastoras y pastores por su parte, le obsequiaron lo que tenían a mano y el producto de su cuidado diario. Ovejas. Ovejas para otro pastor.

Días después Herodes lo trataría como una amenaza. Y lo mandaría matar como a todos los inocentes niños menores de 2 años en Belén. La amenaza del poder asesinando la amenaza del posible contrapoder.

Aún hoy se continúan asesinando niños y niñas en Colombia y en el mundo. Por eso la celebración de la Navidad es difícil. Por las inequidades, las injusticias, el hambre y las necesidades de millones de personas. Desplazadas, victimizadas, excluidas como lo fue Jesús previo al nacimiento cuando María y José buscaron posada en Belén.

La pobreza de Jesús se refleja en el entorno. Adverso. Con personas apáticas que no querían dar la bienvenida a la vida o no les importaba. Con vecinos que cerraban la puerta en las narices. O que definitivamente no podían ser solidarios por las circunstancias y el contexto.

Pero cuando Jesús nace, cuando María da a luz, la pobreza se vuelve riqueza. El calor del aliento y los cuerpos del buey y la mula, los cantos de los pastores celebrando el nacimiento, la luz de la estrella, los regalos, la bienaventuranza de la presencia divina en la tierra en forma de niño recién nacido. El amor y el cuidado de los padres.

Nacer a la vida, la Natividad o la Navidad nos dejan celebrar con regocijo y con lo que tenemos a la mano las bendiciones con que nos nutre diariamente Dios a través de la tradición católica.

El amor, la esperanza, la solidaridad, la entrega, la amistad, el cuidado, la fe, la oración, los cantos y la eucaristía son formas bellas de celebrar la Navidad y de hacerlo en familia también.

Ver al Dios niño recién nacido como un par, como lo hicieron los reyes magos o los pastores, nos trae lo mejor de nosotros y nos alimenta. O, tal vez como hizo con Herodes, enfrenta saca lo peor de muchas personas.

Esa lucha permanente entre el bien y el mal, entre lo terreno y lo divino, entre lo humano y lo que deshumaniza como el asesinato, la violencia, la exclusión, la insolidaridad, la inequidad, debe expresarse en la Navidad a favor del bien.

Son bienaventurados los que celebran con lo que tienen sin celebrar con lo que no tienen. La felicidad no está en el pan sino en el pan compartido. Uno de los signos de Jesús y su presencia en la tierra es partir el pan, o compartirlo.

Todo el que da, recibe. Y el que da desinteresadamente, recibe dos veces.

Celebremos la Navidad con fervor, paciencia, amor y reconciliación. Dando lo mejor de lo que tenemos.

Si podemos reunirnos en familia por medios digitales, mejor. La pandemia sigue viva y no cuidarse es parte de la insolidaridad que no queremos.

Si podemos movernos sosteniblemente en Navidad y en Año Nuevo, mucho mejor. El aire del planeta lo agradecerá. Si no es posible, que sea sirviendo a los demás que nos movemos, con mucho cuidado y precaución en esta pandemia.

Un abrazo para todos y todas y Feliz Navidad 2020 y Año Nuevo 2021.

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