Mar, 12/25/2018 - 19:03
Silvio Rordríguez. Foto: Tomada de Internet

Deber una canción

Le debo una canción a todos esos años en que respiraba y masticaba música porque todo lo que pasaba a mi alrededor era música y por la música, cuando pasábamos tardes enteras hablando de grupos y sus canciones y las historias detrás de ellas bebiendo cajas de vino barato y tocando guitarra o cuando se nos iban las horas encerrados en un garaje soñando hacer la revolución con nuestras canciones, soñando que esas letras fueran el primer paso para cambiar al mundo.

Le debo una canción a esos años de utopía en que todo parecía posible, sobre todo ahora, que lo mío es la desesperanza y resistir desde la trinchera de la derrota. Le debo una canción a todos esos años en que la música pasó a ser algo más, un recuerdo distante y apesadumbrado que cada vez parecía pertenecerme menos, como si ese del garaje y de las tardes de vino hablando de tantos grupos fuera otro que ya no existe. Le debo una canción a todas esas personas que eran amigos o contertulios, no importaba, pero a quienes siempre podía encontrar para hablar de la música y la revolución y la necesidad de alzar la voz y que fueron también voces para acompañar las canciones de las que hablábamos. Le debo una canción a esos amigos que me presentaron a Eskorbuto y a The Ramones y The Clash, pero al mismo tiempo a Silvio Rodríguez, a Mercedes Sosa y a Victor Jara.

Le debo una canción a esas noches en que empecé a escribir con un dolor en el pecho que era, ahora lo sé, como un dolor de cuchillos, un dolor que me llevó a escribir más y más. Le debo una canción a eso que escribí y que eran poemas o lo que yo creía que eran poemas y también le debo una canción a las historias que escribí después, pero sobre todo, a las que empecé a escribir y nunca terminé: a las historias huérfanas, que se me murieron de abandono y soledad.

Le debo una canción a todo el silencio, a todas las veces que quise levantar el puño y tuve que bajar la cabeza y a esas noches sin dormir lidiando con el peso del deber ser y de lo impuesto. Le debo una canción a lo imposible, como escribió Silvio Rodríguez en una canción que le debía a la pregunta que le hizo un escritor. Le debo una canción al desasosiego de habitar un mundo inviable donde todas las reglas están dadas y todos los órdenes establecidos perversamente para opacar y matar las luchas y a los que luchan. Le debo una canción al hecho simple de morir mortal, "habiendo pasado por este mundo sin romperlo ni mancharlo", como en un poema de María Mercedes Carranza y de vivir con una obra pendiente, una obra por escribir que es la única lucha que me queda o la única que a estas alturas creo que vale la pena.

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Tocò todas mis fibras, extraordinario, sentí toda esa descripción porque la viví directa en nuestra época universitaria al lado de mis dos hermanos, la de la UN y el de la UdeA.. y de mi madre licenciada en Educación, Pese a que mi rebeldía fué no querer estar en la universidad pública y logré por mis medios meterme a la élite de las privadas, donde la influencia era el rock de los 80, el sentimiento que me inspira este artículo de Andrés es reconocer que lo sentí en el alma y en el más lindo de los recuerdos al lado de mi familia revolucionaria por esa música como el "Ojalá " de Silvio que aún hoy retumba en el alma.

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