Dom, 03/31/2019 - 09:23
Los límites protegen a los ciclistas en su espacio personal. Foto: Guillermo Camacho Cabrera.

El metro y medio

La capacidad de ver al otro en las vías y de apreciarlo como un otro legítimo de cuidado y de protección es una premisa de seguridad vial. Pasar del egocentrismo de algunos conductores de vehículos motorizados a prácticas más tolerantes de la presencia de los otros, salva vidas. La Ley Pro-Bici en Colombia establece una distancia de adelantamiento a ciclistas no menor de 1,50 metros que pone a prueba las capacidades que tienen los conductores de identificar y respetar los límites y el espacio personal de los ciclistas.

Una de las grandes dificultades para la promoción de la seguridad vial es la incapacidad que tienen algunos conductores de ver al otro en la vía; es decir, lo ven, pero no lo perciben como un otro legítimo de cuidado, atención, protección y respeto.

Quienes hacen así, por lo general, son conductores acostumbrados a transgredir los límites, ya sea en su vida personal o social y en la conducción. No será difícil verlos cruzando un semáforo en amarillo o en rojo, excediendo la velocidad permitida, estacionando en sitios prohibidos, circulando por los carriles preferenciales del transporte público o pisando los pasos de cebra.

Si son conductores de vehículos de transporte público en las ciudades, ya sean estos urbanos o intermunicipales, sus prácticas pueden ir desde exceder la velocidad hasta hacer entrecruzamientos riesgosos aprovechando el tamaño del vehículo, no respetar las luces amarillas o rojas de los semáforos, dejar y recoger pasajeros en sitios no permitidos y frenar bruscamente. Algo similar sucede con algunos conductores de vehículos de carga.

Junto con la demarcación vial y las señales de tránsito instaladas en calles y avenidas, la capacidad de ver y respetar los límites es interna, va adentro de cada conductor, es una introyección que se proyecta en el comportamiento social. Igual sucede con la capacidad de ver al otro, de respetarlo y de cuidarlo.

Las normas ayudan a que esos límites se materialicen en la vía. El respeto a las leyes también nace desde adentro, no es una construcción externa (o lo es con la aplicación de la ley, el control y la sanción); es más una introyección que se expresa en el acatamiento y acogimiento de la ley por parte de quien conduce.

En Colombia, junto con los peatones y los motociclistas, los ciclistas son los actores más vulnerables en el sistema vial. La vulnerabilidad tiene que ver con su condición frente a los vehículos motorizados, a las velocidades que estos alcanzan y a las malas prácticas de algunos conductores de carro, bus o camión.

He visto como pasajero de taxi cómo algunos conductores pasan temerariamente al lado de los ciclistas para adelantarlos. Sin guardar ninguna distancia, sin clemencia, sin disminuir la velocidad, sin precaución; solo confiados en sus habilidades y ateniéndose a la posibilidad de que el ciclista siga su camino en perfecta línea recta y a velocidad constante, sin inmutarse por el paso del vehículo a motor, por el ruido que hace y por el aire que corta.

Estos conductores están invadiendo el espacio personal del ciclista, igual a como trasgreden otros límites. 

La Ley 1811 del 21 de octubre de 2016 también conocida como “Ley Pro-Bici”, y que beneficia a peatones y ciclistas en Colombia, establece en su artículo 17, parágrafo 3º, modificando el artículo 60 del Código Nacional de Tránsito, que “Todo conductor de vehículo automotor deberá realizar el adelantamiento de un ciclista a una distancia no menor de un metro con cincuenta centímetros (1,50 metros) del mismo”.

Implica que cuando hay un ciclista circulando a orilla de vía, el conductor debe reducir la velocidad, mirar el espejo retrovisor lateral, asegurar una distancia de adelantamiento mayor o igual a 1,50 metros y adelantar cuidando al ciclista, admitiendo que es un legítimo otro en la vía.

La presencia de los ciclistas en las vías de Colombia ya sean urbanas o intermunicipales, hace que el transporte sea sostenible; no contamina el aire ni la audición, y muestra cómo la necesidad de ir de un lugar a otro tiene soluciones tan válidas como las que implementa quien usa un vehículo a motor.

La práctica del metro y medio no es costosa en términos de dinero ni de tiempo. Requiere una pizca de tolerancia y comenzar a introyectar al otro, su espacio personal y los límites a los cuales todos tenemos derecho, aún en un espacio público como la vía.

La práctica del metro y medio salva vidas. La del ciclista y la del conductor al evitar que se vea involucrado en un siniestro vial.

There is 1 Comment

Estoy totalmente de acuerdo con el artículo personalmente yo adicionaría las normas mínimas que deben aplicar los peatones y ciclistas, teniendo en cuenta que NO cruzan las calles y avenidas por las zebras si no por donden quieren inclusive pisando los jardines, omiten el uso de los puentes peatonales donde los hay, igualmente los ciclistas adelantan por la derecha, por la izquierda, no usan la protección y señalización adecuada, se atraviesan a los vehículos, no respetan los cruces de las avenidas y calles. Nos falta educación y respeto por las normas de tránsito. Gracias.

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