Sáb, 08/21/2021 - 23:00

En noches como esta

En noches como esta, en las que caigo agotada en la cama, al fin tengo tiempo para trabajar, robándole al sueño horas, porque las mías están habitadas por la maternidad que aún huele a rancio machismo y demás responsabilidades.

Como iba diciendo, en noches como hoy donde el estrés, la estupidez humana y demás reveses de la vida, desafían mi paciencia… Justo ahora, echo un vistazo a las nuevas noticias sobre las mujeres afganas. El alma se me cae a los pies, y mi yo a punto de explotar por mi cotidianidad, se desinfla.

Nos quejamos por como es la vida de una mujer en la actualidad, en cómo las nuevas olas de maternidades mucho más presentes que las anteriores, implican que lograr hacer todo lo que quieres, sea como aquel equilibrista francés que trató de cruzar entre las torres gemelas. Phillipe Petit podría definir perfectamente lo que cada día tratamos de lograr. En una lucha de siglos, donde tratamos de ser demasiadas cosas a la vez y nos perdemos en un mar de responsabilidades. 

Volvemos la vista a la situación de Afganistán donde la lucha de la mujer volverá muy atrás en el tiempo. Quedando tan acotada su existencia carente de libertades que su vida se asemeja más a una cárcel donde ejercen de electrodoméstico y juguetes eróticos.

El mundo no se avergfüenza de una situación que desde hace veinte años parece comer terreno, hasta que finalmente el caos en el que se ha sumido todo, nos ha llevado a una situación inhumana.

Muchas voces se alzan para hacer aquello o lo otro. Pero las protestas van a quedarse en eso, protestas, si no existe una real presión social que obligue a los gobiernos a tomar manos en el asunto.

Se está atentando contra nuestras hermanas, la tan afamada sororidad debería hacerse ver. Pero, mi intuición (que como en muchas ocasiones prefiere equivocarse) cree que la situación no va a tener una pronta solución. El paso del tiempo traerá ciertas revueltas, los apoyos de grupos no gubernamentales, las ayudas que serán más que necesarias aunque sean como gotas en el océano.

Somos más de la mitad de la población, ¿por qué aún tenemos que vernos sometidas como si fuéramos bestias incapaces de pensamiento propio? ¿Por qué nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos series como “El cuento de la criada”? Porque si lo pensamos con frialdad, probablemente no exista tanta diferencia entre aquella ficción y esta realidad.

Hermanas, no estáis solas. Cuando todas abramos los ojos y nos encontremos las unas a las otras, veremos que el mundo es nuestro. Hermanas, aguantad, todo va a pasar.

Pero mis palabras no tendrán el efecto deseado, porque solamente son palabras que no llegarán probablemente a los ojos que deciden. Es cuando me pregunto ante esta situación, ¿Quién está más atada de manos? ¿Ellas o nosotras?

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