Lun, 05/14/2018 - 11:32

Esos muertos

El problema no son los asesinos sino sus motivaciones, las razones por las que matan. Nadie llora por los muertos de otras causas y nadie condena a un asesino si cree en la causa por la que el asesino dice matar. 

Por eso unos llaman asesino a Morillo, que lo era, y libertador a Bolívar y otros llaman asesino al Ché y héroe al que lo mató. Y así: llaman asesino a Miguel Henríquez pero demócrata a Augusto Pinochet y los mismos que llaman asesino a Durruti seguirán llamando generalísimo a Franco. 

Esos mismos, van a llamar asesinos a los que mataron por la revolución pero llamarán patriotas a los que mataron por la restauración porque mataron para atajar esa revolución, y llamarán héroes a los que mataron en nombre de la patria, y les entregarán medallas a sus asesinos, a los que mataron por su bandera y por su himno, y les aplaudirán y les harán estatuas y placas de mármol. Entonces levantarán ídolos sobre la sangre de los otros y son y serán asesinos sólo los que hayan asesinado en nombre de otras causas, los que hayan asesinado para defender otras banderas o para honrar a otros dioses, a otras patrias: los asesinos son los otros.

Y esos que asesinaron para llegar al poder harán escribir himnos y libros para honrar a sus asesinos de bolsillo y tendrán siempre quién levante las armas por ellos para "mantener la democracia", y así, llamarán "democracia" a ese sistema que les sirve para mantenerse en el poder y para escribir una Historia a su medida: una Historia donde sus asesinos sean héroes iluminados, cuyas espadas son guiadas por ese dios hecho tambén a su medida y en la que todos aquellos llevados a la tumba por su mano virtuosa no sean más que enemigos para que nunca merezcan ser honrados y puedan ser condenados a la ingominia y al desprestigio: una Historia llena de "buenos muertos". Entonces finalmente, después de tantos muertos a cuestas, y con el rencor equistado de tantos siglos, podrán proclamarse  por encima de la Historia, por encima del poder mismo y de todo lo demás.

Porque no importan los asesinos, sino en nombre de quién matan: nadie condenará a los asesinos del poder, ya con una Historia refundada a su medida, y podrán seguir asesinando en nombre de la patria, de la seguridad y de dios, y encontrarán quien aplauda esos muertos: esos muertos enemigos, esos muertos ajenos, esos muertos silenciosos, esos muertos que son otros: esos muertos asesinos. Los asesinos son los otros.                       
           
 

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