Dom, 08/22/2021 - 07:40

John Reed, el periodista de la revolución

De susto en susto y de maravilla en maravilla rueda John Reed por México en busca de Pancho Villa, y lo encuentra en Torreón, en un vagón rojo que luce su nombre en letras grandes.

Lo recibe en calzoncillos, lo convida a un café y lo estudia largo rato hasta que se convence que este gringo egresado de Harvard merece la verdad y empieza a hablar:

- Los políticos de chocolate quieren triunfar sin ensuciarse las manos. Estos perfumados…
Le muestra los hospitales de campaña, el tren quirófano con médicos y equipos para curar a propios y ajenos, le muestra los vagones que llevan al frente de guerra el maíz, el azúcar, el café y el tabaco.

Y también le muestra el andén donde fusilan a los traidores.

Los trenes fueron construidos por Porfirio Diaz para exportar materias primas, mercancías, y obreros como mercancías que morían desamparados en las fábricas. Villa volvió revolucionario el ferrocarril. En sus vagones tirotean los hombres, los niños berrean y las mujeres cocinan y lucen vestidos de seda del último saqueo.

Se lo lleva consigo y John Reed narra las increíbles batallas en crónicas que los gringos deliran al leerlas y se convierten en un libro: México Insurgente.

Luego narraría la primera guerra mundial en 1916:  La Guerra en el Este de Europa y su peregrinar lo lleva a Rusia donde escribiría Los Diez Días que Estremecieron al Mundo, publicada en 1919.
De regreso a su país, lo expulsan del recién fundado Partido Comunista y… ¡lo expulsan del país por comunista! Se refugia en Rusia, donde fallece.

Cuando Pancho Villa se entera, manda a parar los mariachis que interpretan sus corridos favoritos, allá en la hacienda Canutillo que hace 3 años convirtió en cooperativa, hospital y escuela.

- ¿Que Juanito murió? ¿Mi cuate Juanito?
- El mero, mero. Esta enterrado con los cuates que hicieron la revolución de allá. Pero no fue por bala, fue por tifus.
Villa cabecera y repite:
-    Así que murió Juanito,
Y mirando a lo lejos murmura:
-    Yo nunca había escuchado la palabra socialismo y él me explicó.

(John Reed, México Insurgente, México, Metropolitana, 1973)

DELMIRA AGUSTINI - 1914 (230 Palabras)

Montevideo, 24 de octubre de 1886- 6 de julio de 1914

Tocaba el piano como los ángeles y escribía como los dioses. En esa pieza de alquiler la citó el hombre que había sido su marido por mes y medio quizás porque no soportaba tanta belleza. Y se mató.

- Vamos mas lejos en la noche, vamos...

Los diarios publicaron la foto de Delmira abatida a tiros de revolver yaciendo en una cama, desnuda como sus poemas.

Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas
¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas,
y te asomaste al mundo dulce como una muerta!
Acaso tu ventana quedó una noche abierta.


Delmira había cantado la fiebre del amor sin pacatos disimulos y había sido condenada por quienes castigan en las mujeres lo que en los hombres aplauden, porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino.

En el Uruguay marchan las leyes por delante de las gentes que todavía separan el cuerpo del alma como si fueran la Bella y la Bestia.

Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.


Pero los diarios, como la sociedad, alaban su poesía y callan, por temor, lo que fue la Mujer.

HUERTA HUYE - 1914 (315 Palabras)

En los montes resuena el grito: ¡Abajo Haciendas y arriba Pueblo! Mientras el ejército de Zapata se abre camino hacia Ciudad México y entre ellos hay una sola mujer: La coronela Rosa Bobadilla, que ganó su grado en batalla y manda una tropa de caballería a quienes prohibió una gota de Tequila y misteriosamente le obedecen.

En el mismo barco que se llevó de México a Porfirio Diaz, escapa el general Huerta: Los andrajos ganan la guerra contra los encajes.

En víspera de Navidad, los diarios de Ciudad de México ostentan una orla negra en primera plana: Está de luto anunciando la llegada  de los forajidos, los bárbaros violadores de señoritas y cerraduras. La ciudad tiembla de pánico: ayer no mas , en el eje del mundo estaban los amos en sus casonas de 30 lacayos, pianos, candelabros y baños en mármol de Carrara. Alrededor los siervos, el pobrerío  de los barrios, aturdido por el pulque, hundido en la basura y condenado a  comer de vez en cuando.

Los hombres de Zapata y Villa entran al Palacio Nacional, Pancho se sienta en el dorado sillón que fuera trono de Porfirio y Huerta, por ver que se siente.

Los generales campesinos han triunfado pero no saben que hacer con la victoria. Zapata apenas musita ante las preguntas de los periodistas.

- Este rancho es muy grande para nosotros.

El poder es solo para doctores, los que duermen en almohada blandita.

Al caer la noche, Zapata se marcha a un hotelucho cerca del ferrocarril y Villa a su tren militar para, al cabo de unos días, despedirse de Ciudad de México. Ajenos a las glorias del triunfo, se marchan con sus hombres a sus tierras donde saben andar.

No podía imaginar mejor noticia el heredero de Huerta, el general Venustiano Carranza, cuyas descalabradas tropas están esperando ayuda de Los Estados Unidos.

(La guerra secreta en México, Era, 1983)

BUENOS AIRES, ISADORA - 1916 (150 Palabras)

Descalza, desnuda, envuelta apenas en la bandera argentina, Isadora Duncan baila el himno nacional.

Una noche comete esa osadía en un café de estudiantes, a la mañana siguiente todo el mundo lo sabe y el empresario rompe el contrato. Las buenas familias devuelven las entradas al Teatro Colón y la prensa exige la expulsión inmediata de la pecadora Isidora.

Ella no entiende: ningún francés protestó cuando ella bailó La Marsellesa con un chal rojo por todo vestido, si se puede bailar la emoción, si se puede bailar una idea ¿Por qué no un himno?
Isadora es enemiga declarada de la escuela, el matrimonio, la danza clásica y de todo lo que enjaule al viento.

Ella baila porque bailando goza y baila dónde, cómo y cuando quiere, y las orquestas callan por la música que brota de su cuerpo.

(Isadora Duncan, Mi vida, Madrid, Debate, 1977)

CARRANZA - 1916(227 Palabras)

Todavía quedan unos jinetes por la serranías, pero ya no son ejército: las tropas de Villa fueron barridas por las ametralladoras y Venustiano Carranza es presidente, a pesar de Zapata y a pesar de Villa, se hace fuerte en Ciudad de México.

Zapata  había instalado su cuartel en Tlaltizapán y liquidó latifundios, nacionalizó ingenios y devolvió a las comunidades las tierras robadas durante siglos: ¡prohibió la codicia!

- Esto de repartir tierras es descabellado-, dijo Carranza, y anunció que volverían a sus antiguos dueños las tierras repartidas por Zapata y por decreto manda fusilar todo lo que parezca zapatista.

Fusilando y quemando los del gobierno se abalanza sobre los campos de Morelos, miles mueren y otros miles son vendidos como obreros para las plantaciones de henequén, como en los tiempos de Porfirio Díaz.

Mientras arranca la tierra a los campesinos de Morelos y le arrasa las aldeas, Carranza habla de reforma agraria, mientras aplica el terror de Estado a los pobres, le otorga el derecho de votar por los ricos y  brinda a los analfabetos la libertad de imprenta,

La nueva burguesía mexicana, hija voraz de la guerra y del saqueo, entona himnos de alabanza a la Revolución mientras, la engulle con cuchillo y tenedor en mesas de mantel bordado.

(John Jr. Womack, Zapata y la revolución mexicana, México Siglo XXI, 1979)

 

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