Mié, 03/02/2022 - 06:53

Las piedras con las que siempre tropezamos

La humanidad siempre tropieza con las mismas piedras, como si nunca quisiera dejar de ser un salvaje.

Una pandemia mundial con millones de muertos, no nos ha enseñado nada.

La guerra con su triste faz, se asienta en las cabeceras de nuestros telediarios, periódicos, televisores y emisora de radio, con la cotidianeidad con la que se habla de cualquier otro suceso mundial o más cercano.

Se trata de otra noticia más. Con todas las enfermedades de la información actual, las fakes news, los titulares tipo clickbait, los sensacionalismos y demás defectos periodísticos so semiperiodísticos que contaminan a las personas que desean ser informadas.

Nuevamente caemos en que la solución cuando dos frentes no saben solucionar sus problemas, es el conflicto.

No hemos aprendido nada. Lecciones que la vida nos ha enseñado durante los dos últimos años y  que debemos llevar en la piel grabadas, parecen borradas u olvidadas por alguien con una memoria demasiado corta. Desdibujamos otra vez más en nuestra historia el valor de la vida humana.

Porque en los conflictos bélicos siempre perdemos lo mismo y más importante… vidas humanas. Y las que logran sobrevivir, quejan por una generación ajadas por las heridas del todo vale que supone el caos de una guerra.

Ahora leeremos de todo, veremos cómo la prensa sitúa a buenos y malos, como si se tratase de una película. En este caso mientras se suceden los fotogramas, muchos pierden.

La sangre derramada, las inocencias perdidas, y las miserias de un país sobre el que nadie tiene certeros intereses y quedará a su suerte en cuanto la noticia deje de ser novedad.

La historia de siempre, el grande que sabe que puede aplastar al pequeño. El abuso de poder como perpetuidad histórica. 

Ucrania comienza a desangrarse, mientras el resto de países no tienen del todo clara una posición que pueda ganarse problemas con el gran oso ruso. Huele a historia ya contada, a protagonistas ya usados.

Pero sobre todo porta el aroma de cosa que tendríamos que haber dejado atrás.

Algunas veces pienso que somos unos animales salvajes incapaces de aprender de sus errores. Otra vez más, otra vez más estaremos sentados mientras vemos el horror televisado.

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