Mar, 03/12/2019 - 08:24
Foto: Los Waraos- orinoco.travel

Los grupos étnicos y el PND: ¿La participación como ficción?

El Plan Nacional de Desarrollo (PND) presentado por el Gobierno el mes pasado ha suscitado diversas críticas. Una de estas vino de la representante Juanita Goebertus, quien sostuvo que los recursos destinados a los programas de paz eran muy limitados y que esto perjudicaba directamente a las víctimas. Otra crítica se centró en las iniciativas de equidad de género expuestas en el plan.

El profesor Erich Pinzón-Fuchs de la Universidad Nacional de Colombia explicó, para la revista Dinero, que el PND tiene una visión restringida puesto que constantemente equipara los términos “mujer” y “género”. Una tercera crítica, elaborada por Álvaro Pardo para Razón Pública, indica que el plan profundiza el extractivismo y desconoce los acuerdos internacionales sobre cambio climático suscritos por Colombia. La última crítica señala la falta de articulación entre los principios del PND y las estrategias de política pública que sugiere. Por ejemplo, en el “Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos: indígenas, negros, afros, raizales, palenqueros y rrom”, que está incluido dentro del plan de desarrollo, se promueve la participación de todos estos sin medidas suficientes para incentivar su inclusión en la toma de decisiones. La participación es, así, convertida en una ficción que solo sirve para legitimar el modelo de desarrollo defendido por el Gobierno de Iván Duque.

El Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos del PND tiene como objetivo generar acciones diferenciadas para crear condiciones de equidad en el acceso a bienes y servicios por parte de indígenas, afros, negros, palenqueros, raizales y rrom. Con este pacto, se busca avanzar en el desarrollo de la propiedad colectiva de ciertos territorios atendiendo a los derechos de estos grupos. Más allá del lenguaje de derechos, con la promoción de la propiedad colectiva sobre los territorios se pretende insertar a las comunidades étnicas en lógicas de mercado nacionales y globales que recogen el discurso del desarrollo sostenible. Este discurso integra los paradigmas neoliberales de desarrollo vigentes que dependen del extractivismo, y que van en contravía a las aspiraciones de los pueblos étnicos. El pacto por los grupos étnicos solo habla de derechos, propiedad colectiva y participación cuando se trata de introducirlos en las dinámicas del capitalismo.

Los grupos étnicos son entendidos dentro del pacto como poblaciones desprovistas de servicios y bienes materiales. Recurre al término “privaciones” para matizar y suavizar lo que es evidente: las comunidades indígenas, afrodescendientes y rrom han sido marginadas históricamente por el racismo, el clasismo y el sexismo. La carencia material y cultural que rodea a los colectivos étnicos es sustentada por el capitalismo. Este último acude al colonialismo y al patriarcado para sostenerse y reproducirse. El despojo y la violencia que recaen sobre los grupos étnicos descansan en las estructuras que forjan estos sistemas de desigualdad, los cuales actúan coordinadamente en función del capital. Adicionalmente, el PND no representa a las colectividades étnicas como sujetos políticos y agentes de su propia vida individual y política. Para el Gobierno nacional, los grupos étnicos no son más que “hermanitos menores” necesitados del apoyo estatal y empresarial. De ahí que la “equidad” resulte ser uno de los tantos eufemismos del PND.

Muchas de las iniciativas que presenta el Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos ya se habían enunciado e implementado en planes de desarrollo anteriores. El PND actual plantea el fomento a la participación ciudadana de los grupos étnicos únicamente a través del Sistema Nacional de Cultura (SNCu) y los Consejos Locales de Cultura. Estos se reglamentaron por primera vez en 1997 –bajo el Gobierno de Andrés Pastrana– para promover culturas de paz a través de las artes, el deporte y el ocio.

Un estudio realizado por el Grupo de Investigación “Relaciones Interétnicas y Minorías Culturales” de la Universidad Nacional demostró que el SNCu presenta serias falencias a la hora de estimular la participación de grupos étnicos en algunos municipios de Cundinamarca. Esto, tanto en la construcción de políticas culturales, como a la hora de impulsar su inclusión en la oferta de bienes y servicios estatales. ¿Cómo se ha diagnosticado el SNCu y los Consejos Locales de Cultura a nivel nacional?, ¿qué aciertos muestran?, ¿qué mejoras necesita esta red de políticas y entidades encargadas de gestionar los asuntos de la cultura? Y sobre todo: ¿por qué no transitar hacia nuevos modelos de administración de la cultura que sí respondan a las necesidades de participación de los grupos étnicos? La mención a la construcción colectiva de este Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos muestra que la participación política es enunciada únicamente para legitimar el modelo de desarrollo del Gobierno. La participación se vuelve un pretexto para esto y también se convierte en una ficción. Los encargados de elaborar el plan de desarrollo crearon un diagnóstico de los grupos étnicos, pero las estrategias que proponen no responden ni a sus realidades ni al funcionamiento de la institucionalidad cultural colombiana.

El PND excluye problemáticas clave para mejorar la calidad de vida de los grupos étnicos y garantizar el ejercicio de sus derechos. En primer lugar, desconoce el principio de autonomía y lo reduce a pocas menciones. Si bien, recoge los postulados de la Convención 169 de la OIT, opta por no profundizar en la autonomía. Este principio rige la organización actual de los grupos étnicos, particularmente, la de los pueblos indígenas y afrodescendientes. ¿Por qué desconocerlo? Porque es un principio que ha  permitido a los indígenas y a los afrodescendientes producir sus resistencias al extractivismo y al neoliberalismo. Darle importancia a la autonomía dentro del PND es ir contra el modelo de desarrollo defendido por el Gobierno actual. En segundo lugar, del plan son excluidos también los pueblos indígenas en contexto de ciudad. Se refuerza el estereotipo del sujeto indígena como un ser arraigado a un territorio rural, que conserva unos usos y costumbres, una lengua y una espiritualidad distintiva. Y esto no es casual. Al reiterar ese estereotipo, los territorios indígenas que están en espacio rural adquieren relevancia para fines del extractivismo. En espacios urbanos, el territorio indígena se configura de forma que no involucra los recursos naturales, siempre tan necesarios para la explotación capitalista. En tercer lugar, el Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos desconoce a las mujeres. Las realidades de las mujeres indígenas, afros, raizales, palenqueras, negras y rrom jamás son nombradas, y no hay estrategias para ellas. Este es uno de los grandes vacíos del PND.

El PND y el Pacto por la equidad de oportunidades para grupos étnicos muestran cómo el Gobierno de Iván Duque –siguiendo la tradición instaurada por gobiernos anteriores– ha convertido la participación de indígenas, afrodescendientes y rrom en una ficción. Esta ficción es útil para dar continuidad y profundidad al modelo de desarrollo neoliberal que ha sido dominante en Colombia. Frente a esto, es importante que las comunidades étnicas –organizadas en movimientos sociales y asociaciones políticas– defiendan sus modos de gobierno propio, basados en ontologías, historias y cosmovisiones específicas. La organización de las comunidades étnicas debe retar al Estado y visibilizar su carácter de clase, así como su rol en la reproducción del racismo y el sexismo. Requiere, paralelamente, configurar formas de organización económica distintas a los del neoliberalismo y nuevos modos de concebir/hacer la política.

Vivian Martínez Díaz

@VivianMartDiaz

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