Mié, 10/23/2019 - 08:30

Mil veces le digo NO al glifosato

Muy malas noticias para las regiones, para el Pacífico, para la Amazonia, para Norte de Santander y para las regiones marginadas de nuestro país. El Gobierno Nacional en cabeza de su ministro de Defensa, Guillermo Botero, prácticamente ha anunciado que tiene listo los aviones, el aparato logístico, los pilotos y la capacitación para iniciar en los próximos días las fumigaciones en Colombia con el herbicida glifosato, comenzando por el departamento de Nariño.

Esta, sin duda, no es la mejor noticia para Colombia, menos para las regiones, porque estás esperan que se fortalezca los planes de sustitución de cultivos de uso ilícito con proyectos productivos legales y rentables. La fuerza y la erradicación forzosa no es la solución, es prolongar una lucha fallida de más de treinta años.

Lo más preocupante de éste anuncio es que, con el regreso de las fumigaciones habrá serias afectaciones en muchos frentes, la salud de las personas, el medio ambiente y el territorio económica y socialmente serán los más afectados. Aquí nadie resulta ganador, solamente los halcones que se dedican al negocio de la guerra.

En el reciente debate sobre seguridad nacional, desarrollado en el Senado de la República en días pasados, se dijo que 65231 hectáreas se han erradicado según cifras del propio Gobierno, pero se dice que esta administración recibió al país con un total de 170 mil hectáreas, sin embargo, al día de hoy esas 170 mil hectáreas siguen sembradas, eso lo que demuestra es el fracaso en la política de lucha antidroga y una terquedad del ejecutivo en insistir por la vía del glifosato como la posible solución, todos sabemos que será un nuevo fracaso.

Entonces reiteramos que no es la vía forzosa, ni la fumigación, menos la que va a promover la disminución del hectareaje. Por ejemplo, para erradicar una hectárea de manera efectiva hay que asperjar o erradicar forzosamente otras 33. El porcentaje de resiembra en terrenos fumigados es del 40%, cuando hay proyectos de sustitución de cultivos voluntarios y rentables es del 1% y así lo confirman recientes estudios de la misma ONU, la Universidad de los Andes y la Contraloría General de la República.

Entonces Colombia, bajo este análisis tiene que prácticamente en el espacio de diez años, fumigar más de cuatro millones de hectáreas, gastarse $200 billones (con b) y en esa proyección de siembras y resiembras el costo de erradicar una hectárea de manera efectiva, es decir, sacarla del mercado y la producción del narcotráfico implicarían cerca de mil millones de pesos. Algo realmente fuera de serie.

Lo que verdaderamente traduce en la práctica ese anuncio de Guillermo Botero, de que retornarán al país las fumigaciones con glifosato, es que con el herbicida vendrá mucha más pobreza, exclusión y marginalidad.

El glifosato simboliza muerte, destrucción, envenenamiento, contaminación de nuestras fuentes hídricas, afectaciones a la salud humana, daño ambiental y a los cultivos de uso lícito de nuestros campesinos, por eso quienes defendemos la vida, la naturaleza y el territorio, rechazamos una y mil veces las fumigaciones con glifosato.

No es un secreto que la guerra contra las drogas ha fracasado éste año y en años anteriores. En sólo lo que va corrido de 2019, el 79% de la droga producida en Colombia llega a su destino y según el Informe Mundial de Drogas de la ONU, tristemente nuestro país produce el 70% de la cocaína del mundo y aun así, aquí hay quienes insisten que el glifosato es la solución definitiva a este flagelo mundial. ¡Craso error!

Claro que hay que buscar de todas las formas posibles acabar con el narcotráfico y todo lo que ello implica, pero tal y como lo plantea el gobierno nacional no es la vía para lograrlo. A los únicos que beneficia el glifosato reitero, es a unos pocos señores y sectores que se lucran de forma millonaria con la guerra, por eso les gusta tanto este tipo de iniciativas, por eso quieren acabar con lo que queda del proceso de Paz, pero no pasarán.

Ojalá esta amenaza que se ve venir en el muy corto tiempo y que afectaría de forma notable a lejanas comunidades y territorios de la Colombia profunda, tenga otra salida, que aunque no es probable, sí garantizaría cierta tranquilidad a miles de hombres y mujeres que habitan la gran ruralidad colombiana, esa misma ruralidad que hoy el gobierno pretende envenenar con el glifosato.

Por eso mil veces le diré ¡No al glifosato!

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