Mié, 10/21/2020 - 09:29

Mucho “líder”, poco carga ladrillo

¿Estaremos exagerando en el uso de la definición o criterio sobre los “líderes sociales”, y con ello minimizando la atención sobre los verdaderos “líderes”, a la vez que politizando el tema, en contra del Gobierno de turno y con fines electoreros? Para Naciones Unidas la definición es: “cualquier persona o grupo de personas que se esfuercen en promover los derechos humanos, desde organizaciones intergubernamentales asentadas en las mayores ciudades del mundo, hasta individuos que trabajan en sus comunidades locales”.

De manera que el concepto cubre más allá de los promotores de derechos humanos: a educadores, ambientalistas, políticos, campesinos, indígenas, LGTBI, afrodescendientes, sindicalistas etc., etc. Dirigentes que tienen qué ver con lo social, lo cual también incluye a las juntas de acción comunal. Hasta hace algunos años el concepto era simple y el trabajo más destacado era el del presidente de la junta de acción comunal. El resto de liderazgos no tenía forma, no eran reconocidos como tales.

La Constitución de 1991 y la conciencia de los ciudadanos sobre el reconocimiento a sus derechos ha llevado a la organización de las comunidades, fortaleciéndolas como grupos de presión. Según el Ministerio del Interior, Colombia podría tener 45.000 juntas de Acción Comunal, o sea igual número de líderes por este concepto o actividad, cuando menos. Sin ignorar que otros integrantes, además del presidente, como vicepresidente, secretario y coordinadores de grupos de trabajo se consideren a sí mismo, o los consideren en la comunidad y en los medios como “líderes sociales”.

La ONG Ayuda en Acción reporta que en el país existen 102 comunidades indígenas y según el Censo Nacional este segmento representa el 4,4% de la población total del país, sumando 1.905.617 nativos. Aquí otros miles de “líderes sociales”.  La Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas dice que a ella confluyen más de 270 organizaciones de primer y segundo nivel. A mediados de 2018 la CVC reportaba que en el solo Valle del Cauca tenía el registro de 192 entre asociaciones y agremiaciones ambientales. ¿Cuál será el total para nuestros 32 departamentos?

En cuanto a sindicatos, el censo nacional de 2017 adelantado por el Mintrabajo dice que la CUT contaba con 577.532 afiliados, la CGT 606.073, y la CTC 169.291. ¿Cuántas organizaciones de trabajadores, y cuántos líderes sindicales?, miles de miles. En la guiagaycolombia.com encontramos más de 200 grupos LGBTI, entre asociaciones, colectivos, corporaciones y redes. Aquí el liderazgo no deja de crecer, en la medida que salir del closet se ha vuelto normal.

A lo anterior sumemos los miles y miles de líderes de derechos humanos, de campesinos, de desplazados, de desaparecidos, de víctimas del conflicto, de reintegrados, las mujeres víctimas de abusos sexuales y muchas más organizaciones sociales.

Lo que faltaba. Con la llegada masiva de venezolanos al país (¿más de 2 millones?) están surgiendo y consolidándose organizaciones de estos inmigrantes, con “líderes” reconocidos y autodesignados, quienes también y de manera muy seria están reclamando sus derechos y organizando manifestaciones.

A la par, gobiernos y “líderes” políticos indolentes siguen fomentando las desigualdades y con ello el surgimiento de nuevos “liderazgos”.

Estamos inundados de “líderes”.

Miles y miles de “líderes” que en medio de nuestra tradicional violencia, nuestros odios mutuos, sufren atentados mortales. Que se han disparado, sin duda, y acaso en buena parte haya algo de razón en un proceso de paz que la mayoría del país reprobó desde el principio, pero que el anterior gobierno impuso a base de corrupción entre los legisladores, y fuerzas externas manipularon al acomodo de los beneficiarios. Como las víctimas no ven justicia, ni los victimarios han recibido lo que en justicia merecen (en cambio sí muchísimos beneficios, honores y perdones) viene primando la venganza personal. Seamos sinceros, también hay “líderes sociales” apenas de fachada y por debajo de la mesa siguen lucrándose del delito y malas reparticiones, entonces ocurren las vendettas. Ante esto, cualquier gobierno, por inteligencia que tenga, por protecciones que ofrezca, la tiene difícil para prevenir atentados contra los “líderes sociales”

Tampoco podemos graduar de “líder” a cualquier avivato o charlatán. De España heredamos el gusto por los títulos como señal de importancia y al “don” hemos sumado, por ejemplo, “sumercé” (su merced, originalmente español), “doctor” y “líder”. Cualquiera que haya actuado en política conoce muy bien que muchísimos cargaladrillos que movilizan a unos cuantos vecinos de cuadra, a la hora electoral son adulados como “líderes”.

Por lo visto, hay mucho por hacer en el calificativo de “liderazgo social”, que no es para todo el mundo. Investigar a fondo quién es quién cuando se presentan hechos sangrientos es el deber de las autoridades y no apresurarse a considerar que dadas las circunstancias se trata de “líder social”. Que por ser tal, inevitablemente ha sido víctima de la violencia. Los comunicadores sociales, ni tan facilistas ni tan complacientes, a veces tocando con el amarillismo. Investigar, reconocer, las cosas por su nombre.

A tono con la moda podemos citar el refrán. Aquí hay mucho cacique y poco indio, mucho líder y poca carga ladrillo. “Líderes sociales” no son todos…

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.