Vie, 10/15/2021 - 10:43

Superman y otros comics. 1939

En la revista Action Comics se publican las aventuras de Superman, Hércules moderno que custodia la propiedad privada en el universo restablece el orden con mas eficacia que todos los Marines juntos: con su mirada derrite el acero, con su aliento causa un huracán, de una patada tala los árboles de la selva y de un puñetazo perfora montañas.

En su otra personalidad, Super-man es el timorato Clark Kent, tan pobre diablo como cualquiera de sus lectores.

Pero la imagen de Superman forjó el poderío  de sus ejércitos: su cuerpo es como un tanque o acorazado, su vista es de Rayos X y láser aunque no vuele a la velocidad de la luz. No hay guerra que le sea ajena.

Forma parte del zoológico de personajes de tiras cómicas responsables de muchos fenómenos: Tarzán ese semi-Dios blanco y rubio, fue la coartada para que Europa se apropiara del África, Rico Mc Pato, Donald y sus sobrinos, son modelo de la sociedad burguesa, asi como Pancho el de Ramona y Lorenzo el de Pepita, son responsables de varias generaciones de maridos lavavajillas sometidos, y el mismo James Bond justifica al espionaje.

(Para Leer al Pato Donald, Editorial Siglo XXI, 1970 y otras fuentes)

 

La cruz roja no acepta sangre negra. 1942 

Salen los soldados de Los Estados Unidos a los frentes de guerra. Muchos son negros al mando de oficiales blancos.

Los sobrevivientes volverán a casa, pero los negros lo harán por la puerta de atrás y en los estados del sur seguirán siendo discriminados. Los encapuchados del Ku Kux Klan evitarán que los negros se metan en la vida de los blancos y sobre todo en las alcobas de las blancas.

La guerra acepta negros, miles y miles de negros norteamericanos, la Cruz Roja no y prohíbe la sangre de los negros en los bancos de plasma, así evita que la mezcla de sangres se haga por inyección.

La transferencia de sangre la inventó el doctor Charles Drew, inventor de la vida cuyas investigaciones han hecho posibles los Bancos de Sangre que están resucitando a miles de moribundos en los campos de batalla europeos.

Drew dirige el servicio de plasma de La Cruz Roja en Los Estados Unidos. Cuando la Cruz Roja  resuelve rechazar la sangre de negros, renuncia a su cargo. Charles Drew es Negro

(Richard Hardwick, Charles Richard Drew, Pioner in blod research, N.Y. Scribner´s, 1967)

Guerras latinas para ayudar en la 1ª guerra

Los países latinoamericanos se  guerrean por ayudar a Los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, reduciendo los costos de las materias primas que les venden, alimentos baratos y uno que otro soldado dentro de la política continental denominada por Norteamérica de Los Precios Democráticos

Los Estados Unidos corresponden exaltando la causa común y en las películas rara vez falta un sudamericano cantando y bailando en Castellano o portugués, el Pato Donald estrena un amigo brasileño, un loro llamado José Carioca; en las islas del Pacífico y campos de Europa los galanes de Hollywood liquidan japoneses y alemanes por montones y cada uno de ellos tiene a su  lado un latino que admira al rubio hermano del norte.

Desde siempre condenada a la pobreza, Bolivia es el país que mas contribuye a la guerra vendiendo estaño a un precio diez veces más bajo que lo habitual.

La rebaja la pagan los obreros de las minas cuyos salarios pasan de casi nada a nada. Y cuando un decreto gubernamental los obliga al trabajo forzado a punta de fusil, viene la huelga, y otro decreto prohíbe la huelga, y la huelga sigue ocurriendo. Entonces el Presidente, Enrique Peñaranda ordena al ejército que actúe de manera severa y enérgica y se declara la guerra contra los huelguistas, las ametralladoras en Pampa María Barzola escupen fuego y dejan la estepa regada de gente.

Patiño, rey  de la minas, ordena proceder sin vacilación, sus virreyes Aramayo y Hochschild obedecen y la Patiño Miines paga algunos ataúdes pero se ahorra la indemnización porque  la muerte por metralla no es accidente de trabajo.

(El presidente colgado, La Paz, Juventus, 1985)

Sans-Souci, Carpentier. 1943 

Alejo Carpentier descubre alucinado el reino de Henri Christophe.

Conoce el escritor cubano las ruinas del delirio de aquél esclavo cocinero que llegó a ser monarca de Haití y se mató disparándose una bala de oro que llevaba siempre colgada del cuello.

Carpentier escucha los himnos ceremoniales y los tambores mágicos de la invocación mientras visita el palacio que el Rey Christophe copió de Versalles y recorre la inmensa mole que resistió rayos y terremotos por tener sus piedras ligadas con sangre de toros sacrificados a los dioses.

En Haití, Carpentier aprende que no hay magia más prodigiosa y deleitosa que el viaje que conduce, realidad adentro, cuerpo adentro, a las profundidades de América. En Europa, los magos se han vuelto  burócratas y la maravilla se ha reducido a trucos de prestidigitación. En América, en cambio, el surrealismo es natural como la lluvia o la locura.

(Alejo Carpentier, Tientos y diferencias, Montevideo, Arca, 1967)

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