Dom, 03/31/2019 - 09:17
Foto: oaxaca.me

Te enseñaron

Te enseñaron que los hombres mandan y las mujeres callan. Te enseñaron que los hombres van al trabajo y las mujeres a la cocina y que el hombre que no sepa trabajar es como la mujer que no sepa cocinar, y que los hombres son violentos y las mujeres sumisas. Te enseñaron que los hombres llevan el pelo corto y camisas y corbatas y que las mujeres llevaban vestidos de flores y tacones y se pintan los labios de rojo y las uñas de colores.

Te enseñaron que debías imponerte y ser más fuerte, siempre más fuerte que los demás, y que debías gritar e insultar si era necesario hasta que los demás bajaran la cabeza para hacer tu voluntad. Te enseñaron que debías mandar y conseguir una mujer que te obedeciera y tener hijos criados para mandar e hijas criadas para obedecer. Te dijeron que tenías que luchar para estar por encima de los demás y que debías humillar y aplastar a los que no fueran como tú y a los que quisieran llegar más alto. Te enseñaron que debías tener siempre la última palabra y que no importaba el método para sentar tu verdad: la palabra o el insulto, el golpe o el fuego.

Te dijeron que tenías que aprender a ser hombre y te enseñaron a subirle la falda a las niñas y a tocarlas de formas que no entendías, mientras a ellas les decían que todo eso era normal, que así sería siempre y que debían aprender a callarse. Luego te enseñaron a gritarles cosas a las mujeres por la calle y te dijeron que sus cuerpos iban a pertenecerte, y sus pensamientos y sus vidas y sus decisiones. Te enseñaron a ser hombre a su manera.

Y te dijeron que los hombres, los hombres como ellos, se formaban a la fuerza y que por eso el servicio militar iba a formarte a su medida y te iba a enseñar a ser hombre, a ser hombre como ellos, y que así aprenderías a imponerte y a hacer valer tu palabra sobre todo y contra todo.

Entonces lo decidiste. Decidiste que tu palabra estaba por encima de todos los mandatos y que tu voz estaba por encima de la de ellos. Y quemaste tus botas militares y tus uniformes y te fuiste a pintarte la cara de colores, a vivir entre espejos y vestidos de flores y zapatos de tacón. Te dejaste crecer el cabello y las uñas y rompiste los moldes para poder mirarte al espejo y verte como siempre habías querido verte, para decirte lo que siempre habías querido decirte y escuchar tu voz como siempre habías querido escucharla.

Y lo que te enseñaron dejó de importar porque lo aprendiste todo de nuevo.


Te fuiste lejos donde sus normas no te alcanzaran y fuiste tú misma para siempre desde ese día en que llevabas el cabello largo, los labios pintados de rojo y un vestido de flores, fuiste tú misma desde ese día en que te reconociste frente al espejo, fuiste tú misma desde ese día en que pudiste salir al mundo y decir: "Hola, soy Pilar..."

Publicado originalmente en nuevodiario.co (13-08-17)

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