Dom, 01/31/2021 - 06:54

Uno más: visiones de la desigualdad, la marginalidad y la violencia

La película Uno más, dirigida por Janer Mena, presenta la historia de vida de Miguel, un trabajador chocoano que es acusado de robar oro en una mina ilegal y que migra hacia Bogotá con el propósito de escapar de la violencia criminal. Esta historia refleja las vicisitudes de la huida, el tránsito y la llegada de los desplazados forzados a las grandes ciudades de Colombia, así como el tipo de adversidades que estos enfrentan en los espacios urbanos.

El relato de Miguel, que está basado en hechos reales, refleja vivencias suyas y de otras personas, como su madre, esposa e hija, los migrantes venezolanos que recorren las carreteras colombianas y los habitantes de Bogotá. Al igual que Miguel, estas personas sufren la desigualdad, la marginalidad, la violencia machista y racista y la precariedad de la vida. Por este motivo, Uno más nos permite reflexionar sobre la vivencia cotidiana de las víctimas de desplazamiento forzado en los entornos urbanos. 

Uno más nació con la meta de visibilizar las situaciones cotidianas del departamento del Chocó y, especialmente, aquellos eventos relacionados con la minería ilegal, la criminalidad, la pobreza, la violencia y la desprotección estatal. La película fue producida por la compañía 3 Star Productions de Los Ángeles; esta apoyó durante dos años la escritura del guión, la identificación de las locaciones para las grabaciones y la audiencia para la selección de actores. En la audiencia participaron numerosos actores y artistas de origen chocoano principalmente. Después de varios meses, el director y la compañía escogieron como parte del elenco a Jhowar Asprilla, Martha Caicedo, Darwin Martínez, Jefferson Medina y Humberto Rivera. Uno más también contó con el apoyo de la comunidad afrocolombiana y fue financiada por la empresa privada. De todo este esfuerzo quedaron dos premios. Primero, Janer Mena obtuvo el galardón al mejor director en el New York True Venture Film Festival. Posteriormente, Jhowar Asprilla ganó el premio al mejor actor en el Continental Film Festival de Canadá. Desde ese entonces, la película ha recibido críticas favorables entre la opinión pública nacional e internacional. 

Janer Mena ha tenido una carrera destacada como modelo, actor y director de cine. Es originario de Aguachica, Cesar, pero sus padres nacieron en el Chocó. Por ende, Mena percibe este departamento como su «hogar». Mena se formó en la escuela realista de John Strasberg, el Estudio Corazza para el Actor y otras instituciones artísticas de España y Argentina. Actualmente, Janer Mena es reconocido por dirigir y actuar en producciones como África invisible, Sin mañana, el Ángel del acordeón, Sin retorno, Quilombos, Naranja azul y Cosas de negros. Las temáticas ligadas a la cotidianidad de las poblaciones afrodescendientes, la desigualdad y el racismo están presentes en todas sus obras. Igualmente, en sus películas pueden hallarse diversos elementos alusivos a la cultura, música y tradición oral afrodescendiente.  

Minería ilegal en el Chocó y desplazamiento forzado: la desigualdad, la marginalidad y la violencia en Uno más 

El departamento del Chocó se ubica al noreste de Colombia y comprende las selvas del Darién, las cuencas del río Atrato, San Juan y Baudó, y varias zonas costeras de los océanos Pacífico y Atlántico. Esta región es comúnmente conocida por su biodiversidad y pluviosidad. Además, es uno de los sitios más estratégicos para la recolección de minerales como mercurio, oro y platino. De ahí que la explotación minera en el Chocó sea una actividad atractiva para las compañías transnacionales de América Latina y el mundo. 

Desde el punto de vista de Jaime Bonet, investigador del Banco de la República de Colombia, el deterioro económico y social del Chocó ha sido noticia nacional. El estancamiento de ese departamento es histórico y esto se debe a factores como, por ejemplo, el legado colonial y el racismo, las condiciones geográficas y climáticas que dificultan tanto el transporte como la distribución de recursos de primera necesidad, la debilidad institucional y la falta de infraestructura social. Frente a esto, la explotación minera sigue siendo concebida como una alternativa económica por parte de los habitantes chocoanos. Cuando la minería ilegal es orquestada por grupos criminales y compañías que despojan territorios para sumar ganancias, genera incidentes de violencia y desplazamiento forzado. 

Al mismo tiempo, el Chocó reúne diferentes escenarios de violencia contra las mujeres. Esta violencia se entrecruza permanentemente con discriminaciones originadas en la clase, el género, la sexualidad y la identidad étnico-racial. En el informe Derechos Humanos de las Mujeres Chocoanas, se sostiene que las mujeres son excluidas de la vida política, y que enfrentan un sinnúmero de limitaciones a la hora de acceder a cargos públicos y desarrollar experiencias de activismo. Las mujeres del Chocó también son mayoritariamente víctimas de la violencia intrafamiliar y sexual, los feminicidios, el reclutamiento y el desplazamiento forzado. El desplazamiento es ocasionado por los grupos asociados al conflicto armado y la delincuencia que recaba dinero de la minería ilegal. En la actualidad, las lideresas sociales del Chocó son altamente perseguidas y asesinadas en toda Colombia. 

La historia de Miguel opera como un prisma que refleja las múltiples experiencias de marginalidad, desigualdad y violencia que viven los hombres y las mujeres no solo en el Chocó, sino también en las ciudades de Colombia e, incluso, en toda la región suramericana. Esta historia da cuenta de Miguel, como hombre y ser humano en su singularidad, pero también muestra las subjetividades y relatos de otras personas, como las mujeres de Quibdó que hacen parte de su familia, los migrantes venezolanos con los que comparte trayectos y los habitantes bogotanos. La historia de Miguel, que es la narrativa de desplazamiento forzado, ejemplifica la precariedad de la vida. Además, Uno más atestigua un hecho fundamental de toda historia de vida: quien narra su propia historia no solo encarna sus propios saberes y realidades, sino también los de otros. 

En Uno más, Miguel es representado como un hombre cabeza de hogar que tiene un rol como proveedor y que siente una angustia constante por no poder respaldar económica y afectivamente a su esposa, madre e hija. Simultáneamente, Miguel vive la hostilidad de la mina ilegal, el asedio de sus propietarios y la extorsión de los criminales de la custodian. A la vez, interactúa con otros grupos de antioqueños blancos que viven del comercio y la usura. Es así como la película crea representaciones de las relaciones interétnicas e interraciales en el Chocó. Estas relaciones también son visibles en la historia de la huida, el tránsito y la llegada de Miguel a Bogotá en la película. Las experiencias en torno a la decisión de migrar de Miguel están ciertamente marcadas por la clase y la raza. 

La película representa a las mujeres de un modo particular. La madre, la esposa y la hija de Miguel son representadas como sufrientes del abandono estatal en el Chocó, sobre todo en lo que tiene que ver con los servicios de salud. Específicamente, la esposa y la hija padecen el abandono de un padre que tuvo que huir por la violencia. Sumado a esto, la esposa vive la pobreza y esto la hace proclive a vivir experiencias de extorsión sexual y violación. A falta de un esposo proveedor y un soporte, la película muestra la manera en que esta mujer es sometida sexualmente por personas blancas de origen antioqueño en Quibdó. Aquí nuevamente se expresa una relación de explotación que involucra la raza, la clase y el género. Este es un hecho que Miguel encarna en su propia historia de vida. 

Otra representación interesante en Uno más es la de los migrantes venezolanos. Algunos de estos comparten trayectorias de viaje con Miguel y, en medio de esto, construyen lazos de solidaridad, colaboración y empatía. Durante las dificultades las personas pueden unirse, y este es un mensaje positivo de la película. 

El encuentro con la ciudad 

Las historias de viajes tienen una estructura específica: un evento que desencadena o motiva la partida, un trayecto caracterizado por tribulaciones, vicisitudes y momentos de intensidad emocional, y una llegada que, por lo general, clausura con la asimilación cultural del lugar de destino y el asentamiento por parte de la persona migrante o desplazada. Esto último se refiere al encuentro del migrante o el desplazado con la ciudad y el choque cultural. 

En antropología, el choque cultural alude a la forma en que una persona percibe un entorno cultural ajeno por razones de la migración y el asentamiento en un nuevo lugar. Este choque emerge cuando una persona se desplaza y comienza a residir en un territorio distinto al de su comunidad de origen. La persona puede sentir una desorientación emocional derivada de un estilo de vida que no le es del todo familiar. Regularmente, el choque cultural conlleva sensaciones de asombro, sobrecarga de información, cambios de humor, felicidad ocasional, brechas de lenguaje, nostalgia, frustración, aburrimiento, tristeza, ansiedad, depresión e irritabilidad. Cuando esto se combina con experiencias de opresión en torno a la clase, la raza, la etnicidad, el origen urbano, el género y la sexualidad, los efectos del choque cultural suelen acentuarse mucho más. Esto les sucede a los antropólogos y antropólogas en el trabajo de campo etnográfico, pero también a toda persona que migra o es desplazada por diferentes razones. 

¿Cómo es el encuentro de Miguel con la ciudad? Existen distinciones importantes entre Quibdó y Bogotá: el clima, la gente, la inmensidad de la ciudad, la densidad del espacio urbano y la sensación de suciedad y peligrosidad constante. ¿Qué representa para un desplazado forzado un destino como Bogotá?, ¿cómo asentarse en esta ciudad y convertir a Bogotá en un “hogar” bajo esas circunstancias? Ciertamente, la migración voluntaria o involuntaria se sostiene y reproduce sobre la base de redes sociales de amistad y parentesco. Estas redes proveen soporte moral y económico a los desplazados y migrantes. Incluso, facilitan la movilidad de otros amigos y familiares que buscan nuevas oportunidades de vida. 

La historia de Miguel refleja la existencia de estas redes sociales de amistad que ofrecen casa, soporte moral y consuelo a quienes recién llegan a la ciudad. Miguel entabla relaciones de amistad con otros habitantes urbanos que, contando con numerosos títulos de pregrado y posgrado, no han podido salir de la pobreza. Las trabajadoras sexuales transgénero también ofrecen amistad y cariño a Miguel en medio de su choque cultural y proceso de adaptación a la ciudad. Simultáneamente, Miguel vive la violencia racista y la discriminación por su condición de habitante no urbano desplazado en Bogotá. En suma, Uno más refleja las motivaciones y emociones detrás del desplazamiento forzado, las historias que rodean este hecho, la lucha constante de los oprimidos por hacerse un hogar en la ciudad y finalmente sobrevivir. 

Vivian A. Martínez Díaz
@Osmanto_ 

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