Jue, 12/17/2020 - 15:52

Vacunas

Ya podemos ver en el horizonte una fecha casi clara que indique el comienzo del fin de la pandemia. Con velocidades impensables la ciencia se ha puesto a nuestro favor para que las vacunas contra el COVID-19 van teniendo fecha y viendo la luz.

Normalmente el proceso de creación de una vacuna lleva largos años, unos Díez. Además de ese apoteósico avance contamos con vacunas que usan sistemas diferentes siendo un referente en avance científico, tanto como la vacuna de Moderna como la de Pfizer cuentan con un más del 90 por ciento de fiabilidad. Ese número es tan extraordinariamente alto que sentimos la esperanza corriendo por las venas.

Si finalmente todo se encauza, el resto de investigaciones sobre las vacunas, tratamientos, etc... Van viendo la luz, esta pandemia tiene los meses contados. Pese a que la normalidad tardará un poco en volver tal como la conocíamos, al menos nuestra especie rebaja su ansiedad porque comienza a saber que en el túnel hay luz que indica la salida.

Entonces tenemos otro problema, uno que parece invisible. Se realizan encuestas y todas determinan lo mismo, muy poco porcentaje de la población se decidiría a vacunarse porque la confianza ante ellas es ínfima. La rapidez, el desconocimiento general de la población sobre temas científicos, las fake news de internet complicarán que todo esto tenga un final más rápido de lo que pensamos.

Nuevamente estamos nosotros, las personas, auto boicoteándonos, nos ponemos zancadillas, porque nos da miedo la inseguridad que nos produce lo desconocido. Desconfiamos, porque tenemos el zumbido tras las orejas de que los gobiernos han jugado tanto a “un todo vale”, que esto parece otra estratagema para que la economía no decaída y salir de esto como sea cuanto antes.

El paternalismo que los gobiernos de todos los países han tenido con sus ciudadanos, no ha ayudado a nada. No ayuda a la economía, que en normas generales se va al traste en todos los países. No ayuda al descenso de muertos, por ejemplo en España ya tenemos al día el mismo número de muertos que tuvimos en el atentado del 11 de marzo del 2004 que tanto nos asombró y rompió el corazón. Los contagios siguen, los hospitales se saturan, los trabajadores  del sector sanitarios se agotan en una lucha contrarreloj de meses que no hay cuerpo que aguante.

Claro que recibimos la noticia de la vacuna con la alegría propia de un francés que el día D vio desembarcar a los estadounidenses en la segunda guerra mundial.

Pero, los gobiernos han actuado tan mal que los ciudadanos no tienen ningún tipo de confianza.

¿Qué haremos cuando tengamos vacunas y casi nadie se la quiera poner?

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