Dom, 11/11/2018 - 07:25

Vivir con la pregunta en la boca

Vivir con la pregunta en la boca porque al cuestionar nos confrontamos y en ese confrontarnos podemos escarbar hasta sacudir los cimientos de lo establecido y finalmente librarnos de todo lo que quisieron imponernos como justo y deseable.

Vivir con la pregunta en la boca porque cuestionarse es un eterno retorno, un constante resgnificarnos: es volver sobre la marcha si es necesario y dejar de lado las metas, los objetivos, porque esos los inventaron para imponer, para vender y sobre todo para doblegar. Volver a leer libros y a escuchar canciones y preguntarse cómo se sintió leer y escuchar por primera vez aquello y cómo fue que esas palabras nos dieron un vuelco en la consciencia y nos fueron llevando a más libros y más canciones, como quien se abre paso a machetazos entre el monte, y recordar cómo con cada libro y cada canción fuimos llegando a más y más palabras: a los poemas de los que hablaban esos libros, a las luchas de las que hablaban esas canciones y luego a los poetas que escribieron sobre esas luchas y que las vivieron y que por ellas fueron perseguidos y asediados y fusilados y mil veces vilipendiados y saber que, por encima de todo, esos libros y esas canciones y esos poemas nos plantearon preguntas y que por responderlas empezamos a andar hasta ser lo que somos.

Vivir con la pregunta en la boca porque las preguntas son la primera piedra de las revoluciones y hay que reivindicar la necesidad sacudirse lo impuesto, ahora que intentan hacer pasar por opiniones su racismo, su homofobia, su misoginia y su larga lista de prejuicios y odios. Vivir con la pregunta en la boca para reivindicar las luchas y para que esas luchas no se queden en el pasado y se nos metan entre la piel, entre la carne, entre los huesos y poder decir como en esa película "debajo de esta máscara hay más que carne y hueso, debajo de esta máscara hay un ideal", y andar por la vida con esas luchas clavadas en el cuerpo.

Vivir con la pregunta en la boca para que no nos sorprendan en silencio los que vienen a hablarnos del pecado y el infierno y la debacle: que sean las preguntas las que nos salven esos impostores, de esos patrañeros que tienen "garras para el arpa y un panamericano temblor", como escribió Benedetti.      

Vivir con la pregunta en la boca porque de una pregunta puede nacer una obra y siempre valdrá la pena iniciar una obra: una que sea una batalla "para librarnos de aquello que trataron de enseñarnos" como dice una canción; una que sacuda al establecimiento y cuestione su militarsmo, su clasismo y su competitividad a muerte; una que siembre más preguntas, como lo hicieron otras obras, que nos enseñaron nuevos libros y nuevas miradas: vivir con la pregunta en la boca para vivir escribiendo y que ese escribir sea parte de la necesaria resistencia. 


      

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