Jue, 05/31/2018 - 08:42
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El retorno de la “ideología de género”

El proceso de paz entre el Gobierno nacional y las Farc-EP se desarrolló con el propósito de terminar el conflicto armado y crear las bases suficientes para lograr una paz estable y duradera. De este emergió el Acuerdo Final, que puede ser entendido como un compendio de disposiciones orientadas a lograr un cese efectivo de los enfrentamientos armados. Este incluye lineamientos de justicia transicional que permiten garantizar los derechos de las víctimas, y construir una paz basada en la igualdad y la participación incluyente de todas las personas.

Por esta razón, el acuerdo incorpora enfoques específicos para atender a la diversidad de víctimas existentes en Colombia según su orientación sexual, género, identidad étnica, clase social y pertenencia territorial.  Esto se plasma en los enfoques diferencial, territorial y de género que atraviesan el acuerdo.

Desde el año 2012, el proceso de paz fue respaldado abiertamente por organizaciones sociales, comunidades y académicos que consideramos indispensable aprovechar esta oportunidad para superar la violencia estructural en nuestro país. No obstante, el proceso como tal también contó con críticas y fuertes opositores provenientes de sectores conservadores de la sociedad. Estos fueron representados fundamentalmente por el uribismo, algunas denominaciones católicas y cristianas y movimientos en defensa de la familia tradicional.

Un argumento en contra del proceso de paz fue que al interior del Acuerdo Final estaba presente una “ideología de género” que distorsionaba el modelo prevalente de familia en Colombia, encabezado por una pareja heterosexual de hombre y mujer (en detrimento de otros tipos de familia ya constituidos). Como resultado, cualquier intento de incluir a los grupos LGBTI y a personas con orientaciones sexuales distintas fue interpretado como una reproducción de la ideología de género. El argumento, ampliamente defendido por políticos interesados en torpedear el proceso de paz, sirvió para catapultar el triunfo del No en el plebiscito de octubre de 2016. Si bien, el acuerdo fue renegociado y corregido a partir de los planteamientos de los opositores, quienes seguimos de cerca los acontecimientos nunca supimos en qué consistía la ideología de género, ni cómo era reproducida. Entonces, deduzco que el término es útil sólo para promover la exclusión de las personas por su orientación sexual. Al mismo tiempo, opera como una herramienta que permite promover el rechazo generalizado al acuerdo, a su implementación y a quienes defendemos la construcción de paz en Colombia.

La implementación del acuerdo de paz ha enfrentado diferentes obstáculos. Los académicos, las organizaciones sociales, algunos políticos y los integrantes de las Farc-EP -guerrilla que ahora es partido político- han resaltado que gran parte de lo dispuesto en el acuerdo no se ha llevado a cabo. Al respecto, es importante resaltar los saboteos que ha sufrido la reglamentación de la Jurisdicción Especial para la Paz (Jep) en el Congreso de la República. El más reciente se dio la semana pasada cuando tenía lugar el debate sobre la ley de procedimiento de la Jep en las Comisiones Primeras de Cámara y Senado. Las bancadas del Centro Democrático y del Partido Mira decidieron retirarse de las deliberaciones impidiendo el quórum necesario. Por ende, la discusión del proyecto de ley se aplazó para esta semana, siendo este finalmente aprobado.

Las razones por las cuales los congresistas del Partido Mira se retiraron y obstruyeron el quórum tuvieron que ver con la ideología de género. En un video publicado en su cuenta de Twitter, el Senador Carlos Baena afirmó que no era su deseo ni el de su colectividad hacer trizas el acuerdo de paz, sino corregirlo. Igualmente, exigió que se cumpla lo pactado en el acuerdo en relación con la ideología de género. En el video donde explica su decisión, Baena dijo que el enfoque de género “sólo incluye a hombres y mujeres” y no a comunidades LGBTI, es decir, a grupos y personas con orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual. Según él, esto va en contravía a lo pactado y propuso que la población LGBTI fuera tenida en cuenta dentro del enfoque diferencial únicamente. 

Las afirmaciones de Senador Baena no sólo demuestran la persistencia de la ideología de género como herramienta de exclusión, sino también la necesidad de articular los enfoques diferencial, territorial y de género en la implementación del acuerdo de paz. Escuchar el pronunciamiento del Senador suscitó en mí una serie de preguntas que apuntan a la falta de articulación de tales enfoques, tanto en el acuerdo como en la ley de procedimiento de la Jep que fue aprobada recientemente. De acuerdo al razonamiento de Baena, planteo: ¿acaso quienes se sienten atraídos por personas de su mismo sexo no pueden ser entendidos como hombres y mujeres?, ¿no tienen derechos o libertades constitucionales para identificarse (o no) como tales?, ¿solamente los hombres y las mujeres heterosexuales hacen parte del enfoque de género?, ¿qué son, entonces, aquellas personas que se asumen bajo orientaciones sexuales diversas en el acuerdo y en la sociedad?, ¿qué noción de persona y de víctima está en disputa en este escenario?, ¿hay conceptos de hombre y mujer más validos que otros en el proceso de implementación del acuerdo?, y por último ¿qué concepción de ‘persona humana’ tienen quienes impidieron el quórum?

Dado que el argumento de la ideología de género sigue siendo utilizado para oponerse a la inclusión de las víctimas con orientaciones sexuales diversas en la implementación, urge que como sociedad demandemos la articulación de los enfoques diferencial, territorial y de género que hacen parte del acuerdo de paz. Esta articulación permite que ninguna víctima sea discriminada por su origen, identidad étnica, género, clase, confesión religiosa y orientación sexual, y que sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición sean plenamente garantizados. Como analistas, académicos, activistas e investigadores también tenemos que asumir la tarea de identificar, definir y dimensionar los impactos ético-políticos de emplear la ideología de género como medio para reforzar un modelo de sociedad excluyente. Con miras a la segunda vuelta, es vital que pensemos cuál de los dos candidatos -Gustavo Petro o Iván Duque- nos ofrece garantías para que el acuerdo se cumpla respetando la igualdad y la diferencia.

 

Vivian Martínez Díaz

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