Jue, 07/12/2018 - 12:01
Foto: caracol.com.co

La vida de los líderes y lideresas sociales: una lucha que excede cualquier proyecto político

En un informe especial publicado la semana pasada, La silla vacía analizó las estrategias empleadas por Gustavo Petro para legitimar su estatus como principal jefe de oposición. Según este medio, el excandidato presidencial construye una narrativa en torno al recrudecimiento de los asesinatos de líderes y lideresas sociales para llevar a cabo este fin. Desde su perspectiva, Petro da forma a esta narrativa sembrando la idea de que las muertes -todas- tienen motivaciones políticas, que estas son la consecuencia del retorno del uribismo al poder en cabeza del Presidente electo -Iván Duque- y que los militantes de la Colombia Humana son los principales objetivos de grupos que buscan erradicar la diferencia política a través de la muerte.

Considero que en su informe La silla vacía presenta elementos de verdad, pero también conceptos que son susceptibles de ser utilizados políticamente, sea para catapultar la figura de Petro como “líder natural” de la oposición (en virtud de los millones de votos que obtuvo) o para negar la realidad de los asesinatos, y de paso, fortalecer la autoridad de Duque antes de su llegada. Sabiendo que la misión del periodismo es cuestionar el poder -y no sólo las expresiones problemáticas de este, sino también las contradicciones inherentes a todo proyecto alternativo-, celebro que La silla vacía problematice el modo de hacer política de Petro, ya que no es transparente (en efecto, la política en general tampoco lo es). Sin embargo, al analizar la relación entre la escalada de los asesinatos de activistas en Colombia y la oposición de Petro empleó conceptos que sólo sirvieron para que sectores interesados en negar esta problemática lo siguieran haciendo. En otras palabras, La silla vacía les dio munición a grupos antiderechos para torpedear expresiones de descontento frente a este exterminio sistemático de la vida. 

Uno de los elementos de verdad que rescato del informe periodístico de La silla vacía es  el hecho de que los asesinatos de líderes y lideresas no ocurrieron espontáneamente con el ascenso electoral de Duque ni con el surgimiento de la Colombia Humana -entendiendo esta como una coalición de organizaciones sociales, movimientos y colectivos diversos que toman como base el proyecto político de Gustavo Petro-. Las muertes de activistas en el país vienen ocurriendo desde el 2016 cuando se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno nacional y las Farc-EP; hoy en día estamos notando una escalada cruel de este mismo fenómeno. Resalto también que muchos de los motivos de estos asesinatos se desconocen. Esto no sólo ha sido documentado por La silla vacía, sino también por ¡Pacifista! Adicionalmente, no existen procesos vigentes de esclarecimiento de la verdad de los casos y una gran parte de las investigaciones judiciales se encuentra en fase indagatoria. Las sentencias y las condenas han sido también pocas.

Por lo tanto, la idea de que los asesinatos de líderes y lideresas sociales son parte de un ataque coordinado a los militantes de la Colombia Humana es exagerado. Estoy de acuerdo en esto con La silla vacía. Si bien, es cierto que muchos de las y los activistas muertos apoyaron o hicieron parte de la campaña de Petro, no considero que todo se reduzca a una persecución en su contra. De ahí que la estrategia actual de erradicación del activismo en diferentes partes de Colombia requiera ser indagada judicialmente y también historizada. Esto podría contribuir a hacer más eficientes los esfuerzos por buscar la verdad y la justicia en estos casos, y extender esta lucha más allá de la figura de Petro y las necesidades de la oposición encarnada por él a corto plazo.

La idea defendida por La silla vacía de que Petro está construyendo una “narrativa” de los asesinatos para edificar su oposición es problemática. Esto no se debe tanto al componente de verdad o mentira que pueda tener la afirmación, sino a los sentidos que se le han atribuido. Por un lado, quienes son afines a la Colombia Humana sostienen que La silla vacía convirtió en narrativas los asesinatos de activistas y eso no es verdad, como tampoco lo es que este medio desarrolle una estrategia sostenida de atacar el proyecto político de Petro. Simplemente cumplen con su labor de cuestionar el poder, lo que es propio y deseable en cualquier forma de periodismo. Por otro lado, están aquellos uribistas, conservadores y anti-derechos que afirman que Petro está configurando esta narrativa para atacar la autoridad de Iván Duque y capitalizar su poder como figura de oposición. Esto, amparados por el informe periodístico de La silla vacía.

Desde mi punto de vista, lo problemático de los dos tipos de interpretaciones es que dejan de lado la necesidad de explorar las causas, motivos y procesos que han llevado a un exterminio sistemático de los líderes y lideresas sociales. Al mismo tiempo, interpretaciones de este tipo desvían toda búsqueda de justicia por parte de las víctimas y la sociedad, puesto que solo se centran en la defensa de la figura de oposición que refleja Petro y del Gobierno que hará el Presidente electo. Cualquier adhesión de estos dos políticos a una defensa de la vida de los líderes y lideresas es altamente deseable, pero podría quedarse en un simple formalismo con los sectores excluidos y violentados. Las organizaciones sociales tienen que estar vigilantes a esto. De ahí que los roles de Duque y Petro requieran ser escudriñados y evaluados constantemente, y que la defensa de la vida de los activistas en Colombia los exceda. Esta es una defensa de la sociedad en su conjunto que no puede reducirse a la continuidad de cualquiera de los proyectos políticos esbozados por cada uno de estos.

Vivian Martínez Díaz

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