Mié, 07/25/2018 - 08:32
Foto: onceuponatime.wikia.com

Hoy abrí mi caja de Pandora y la Esperanza estaba enmermelada

La esperanza es lo último que se pierde, dice la gente. ¡Mentira! Lo último que se pierde es una inversión hecha sin pensarlo, a la loca, o al Loco del Tarot. El último peso o la última ficha. Ahí sí se pierde todo y la lúdica deja de ser una Esperanza para convertirse en una impúdica pasión. ¡Cuidado!

Si se apuesta la Esperanza, es porque no se tiene conciencia de que una distracción, un pasatiempo, no se puede convertir en una desgracia, como todas aquellas que salieron de la famosa caja de Pandora, la mujer creada por Hefesto, por orden de Zeus, para desgracia del sexo fuerte. Y esa desgracia se puede presentar al no elegir bien qué se juega, cómo se juega y en dónde. Porque sin ese conocimiento se puede ser víctima del timo, del no pago de lo ganado, de la maldad de los genios de las finanzas protegidos por la justicia.

Pandora me entregó, prestada, su famosa caja. La abrí. Trump amenaza a Irán y viceversa con inofensivas armas atómicas. Venezuela, dichosa por la inflamación de su Bolívar y su economía. Las desgracias son noticia hasta en la hojita parroquial. A nadie sorprenden: ¡bendito sea mi Dios! Aunque creo que Dios sí se sorprende con tanta osadía de los malos.

Extrañaba que la Esperanza no saliera a llenar de ilusiones mi joven y fuerte corazón. Veía, eso sí, que los atletas nacionales, en los juegos de Barranquilla, estuviesen conquistando medallas de oro, plata y bronce que ya no tienen que empeñar porque el Estado los apoya, lo cual no es mi caso en el levantamiento de pesos que cada día, por los años, los pesos pesan menos y las fuerzas escasean llenas de felicidad.

Pero lo que quería contar, es que cuando abrí la caja se daba la largada del tour de Francia, se reunían los ministros electos, por un lado, y la oposición por otro, pero la pobre Esperanza seguía en el fondo de la caja. Estaba como perdida, sus alas, empapadas de un menjurje, no se abrían para emprender el vuelo y ella, como una palomita mensajera de penas, arrodillada como queriendo salir para ayudar a los ciclistas. Trataba de quitarse algo parecido a una mermelada tóxica que le lanzaron los hijos de los taitas que desde tiempo atrás le habían robado y repartido entre los pobres el contenido de desgracias. ¡Mucho lo machos!

No es la Esperanza lo último que se pierde. ¡Es la última ficha si no se juega bien y en un buen sitio!

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